jueves, 31 de diciembre de 2015

PROVERBIO CHINO

La gente se encarga de arreglar su cabello, ¿por qué no su corazón?

CITA


Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
                Sir Francis Bacon (1561-1626)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

CUÉNTAME UNA HISTORIA

        Con el pelo blanco, el rostro surcado por el arado de la vida y la mirada fija a través de la ventana María estaba esperando con anhelo la visita de su nieta. Belén había crecido escuchando  las anécdotas de su lejana infancia. Lo que comenzó como un juego infantil  se fue convirtiendo en un cordón invisible de complicidad entre las dos.
         En su visita anterior Belén  insistió  en escuchar una nueva historia atendiendo su deseo le comentó que mejor que imaginarla sería ir a buscarla.
        El coche rojo que  conocía acababa de aparcar delante de la residencia con paso ligero la joven traspasó el umbral  recogieron el bolso  para pasar el fin de semana y se alejaron.
         Belén miraba de reojo a su abuela la encontraba más callada que de costumbre lo cual comenzó a inquietarla. A medida que la distancia hacia el pueblo se acortaba María comenzó a contarle los recuerdos de los paisajes que recorrían.
      Fernando primo de María subió a las bodegas para preparar los sarmientos las parrillas y las chuletas de cordero que por allí era la típica merienda de las reuniones familiares. Las brasas doraban la suculenta carne imprimiéndole un sabor especial. Entre el pan, las chuletas y un trago del vino fresco de la bodega cada cual iba desgranando anécdotas y sucedidos que recordaban de sus ancestros.
    Belén no había bajado nunca  Se hallaba excavada en un montículo de tierra que perteneció durante generaciones a la familia, María hacía mucho que no la recorría hasta el fondo pero sí recordaba los huecos escondidos tras los grandes toneles. Su padre siempre le contaba que uno de ellos guardaba un pequeño secreto pero nunca habían conseguido hallarlo. No había vuelto a recordarlo hasta ese momento.
    Con gran dificultad y ayudada por su nieta bajó las escaleras estaban muy reforzadas y contaban con una barandilla para facilitar el descenso. Fernando se decidió a acompañarlas con una inmensa linterna para descubrir cada hueco  detrás de los enormes barriles.
    La enorme escalera de madera  se hallaba medio escondida al  final estaba lleno de telas de arañas que retiraban con los palos de sarmiento. Pasaron las horas pero por mucho que miraron no encontraron nada salieron con el convencimiento de que si algo se escondía entre aquellos muros tendría que ser importante pues se habían tomado muchas molestias al crear tantos huecos para despistar.
     Al día siguiente se pusieron en marcha llenos de curiosidad para hallar la pista que les descubrieran el secreto que María escuchara de su padre y éste de sus antecesores. Los ojos de Belén escudriñaban cada señal o dibujo que hallaban cerca de los huecos, y por fin encontró un desgastado símbolo que se asemejaba a una rara llave. Ya tenían el indicio que tanto habían buscado ahora sólo necesitaban saber como proseguir con ella.
            Fernando recordó que  siendo muy pequeño, su tío le hacía colocarse debajo de un tonel para recolocar las tablas que le servían de apoyo. Como Belén tenía el cuerpo menudo pudo meterse bajo el barril que su primo señalaba. La joven lanzó un grito de emoción al encontrar ante sus ojos el ansiado dibujo.
     Tras capas y capas de tierra levantada por fin hallaron un cubículo diminuto pero muy protegido. Al descubrirlo encontraron un cofre de madera con adornos de metal no se atrevían a tocarlo por miedo a que la madera se deshiciera.

Con tanto polvo a la abuela le costaba respirar la ayudaron a salir de la fría y lúgubre bodega. Según alcanzaban los últimos peldaños María se giró para dar un vistazo al lugar que tantos recuerdos infantiles le traía y al volverse, se dio un golpe con el borde del arco de piedra que encuadraba la antiquísima puerta.



           La abuela miró la roca a la vez que señalaba la parte donde se dibujaba una la llave una vez en el exterior, María les recomendó buscar alguna piedra que se moviera con cierta facilidad y quizás así encontraran la llave que con tanto ahínco buscaban.


            Después de mover algunos bloques Belén consiguió ahuecar en la curva de la derecha una diminuta roca como encajada al azar, la levantó y halló una ajada bolsita de piel atada por un cordel del mismo material. Con manos temblorosas la cogió y se la entregó a su abuela, para que tuviera la satisfacción de ser la primera en ver el objeto de tan hermosa búsqueda. María, emocionada, la abrió y vio la llave que abriría el cofre que desvelaría el secreto familiar. Belén bajó las escaleras en pos de la arquilla, y una vez ante ella encajó la llave, la giró y la abrió. Ante sus perlas grises apareció un pequeño pergamino con una escritura desconocida para ella. Asombrada, quiso averiguar el significado de aquellas pocas palabras y el misterio que encerraban.
       Para ello necesitaba utilizar Internet. Recogieron todos los utensilios dejando la bodega tal cual la habían encontrado, salieron cerrando la hermosa  puerta con la no menos vieja y pesada llave.
     La joven comenzó por indagar en la heráldica de los apellidos familiares que se habían ido perdiendo. Mientras, la abuela le contaba una leyenda que había perdurado a lo largo de los tiempos ocurrida durante el destierro del Cid: en la zona donde se encontraban  había una torre que según la historia, se habían refugiado la esposa e hijas del Campeador.
    Desde dicha torre se dominaban todos los caminos e incluso había un túnel que llegaba hasta el río para abastecerse de agua. Todavía permanecían los vestigios con los nombres de entonces y muchos de los apellidos actuales eran originarios de la zona burgalesa que relata el Cantar.
    Todavía se podía contemplar el gran solar que en otro tiempo fuera la casa solariega de los antepasados de María y Fernando, con su escudo de armas y su dominio sobre las tierras circundantes. Satisfecha ante tanta información Belén la miró con ternura  y ésta comprendió que había llegado el momento de regresar. Al subir al coche,María y Fernando cruzaron unas miradas de complicidad.
     Durante el regreso Belén no cejaba de preguntar por más  detalles de la leyenda que acababa de escuchar. Ella le relataba los recuerdos infantiles que la casona le traía, las correrías con sus primos por las desvencijadas escaleras y los insólitos rincones donde se escondían huyendo de los castigos a sus infinitas travesuras.
     El viaje concluyó  las dos entraron en la habitación y su nieta la abrazó con toda la ternura de que era capaz cubriéndola de besos. Antes de irse le preguntó: “Abuela, la búsqueda de hoy ha sido cierta ¿verdad?”.

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CITA


A cierta edad un poco de amor propio, otro poco por picardía y las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear. (Marcel Proust 1871-1922)

domingo, 27 de diciembre de 2015

Y AL FINAL...


      Marian había desechado que cupido la tocara el corazón no miraba a los hombres con deseo los veía simplemente como personas despojadas de cualquier atractivo sexual.
   Su tiempo pasó irremediablemente su alma se alimentaba de lecturas y del cariño incondicional de los suyos aunque fuera desde la lejanía.
      Buscó entre sus habilidades y en escribir halló una gran satisfacción personal se volcaba en ello con fruición. Los pequeños relatos que hacía para sus nietos le recordaban sus travesuras y las de sus hijos dándoles un toque de aventura que a ellos les entusiasmaba.
     Entre cuento y cuento buscaba en Internet algo que la inspirara algo que implicara emociones, curiosidad y ¿porqué no? Un toque de desencanto.
    Se dio un descanso para tomarse su café con leche de todas las tardes mientras lo saboreaba entró en el chat que en otro tiempo frecuentaba para aliviar su soledad quizás le contaran alguna historia para aprovechar en sus relatos.
    Así encontró a Alicia una mujer  casada, atrapada en un  matrimonio anodino, tedioso y con discusiones que la sacaban de quicio con los hijos fuera del hogar los días se le hacían insoportables.
    Buscaba el sexo que su marido no  satisfacía llevaba años chateando y conociendo personas en su misma situación. Conoció a Juan un  valenciano, intimaron tanto que del chat pasaron al móvil y del teléfono a verse.
     Iba de Benidorm a Valencia y él hacía el viaje inverso, tenía un apartamento prestado para cuando Juan venía llevaban varios años.
     Cuando le preguntaba por que no se separaba respondía “la economía, mantener el nivel de vida, y ese era un precio que asumía gustosa” con esa tranquilidad que a María la desconcertaba y  descolocaba sus esquemas.
   Con Juan llevaba a cabo sus fantasías más delirantes y aunque se vieran menos de lo que ellos desearan eso les satisfacía. Ella solo pensaba en disfrutar, decía que la vida era corta y tenía que exprimirla a tope.
    Una noche mientras hablaban le soltó una bomba que la dejó aturdida nunca hubiese sospechado que Alicia le pidiese acostarse con ella, tardó en reaccionar ante semejante proposición y al hacerlo se lo tomó a broma.
    Le contestaba con su ironía habitual pero ella le rebatía en serio la conversación tomaba unos derroteros muy picantes. Entre risas y veras las palabras eran dardos certeros que  desataban sus imaginaciones hasta límites insospechados.
   Entonces Alicia cambió de estrategia le contaba que su marido estaba en la cama dormido como un tronco sin hacerla caso, añadiendo la coletilla” como todos los días”.
    Sin embargo no dejaba a Marian tranquila ahora le decía que tenía un sitio en su cama que jugara con él a ver si lo mejoraba… las risas estallaron.
    Por fin Marian sacó fuerzas para contarle que se encontraba jodida a pesar del tiempo transcurrido de su alejamiento con Alberto. Sus subidas y bajadas con discusiones rayando los extremos, hasta que un día harta de la situación le envió una carta por mail en la seguridad que no le contestaría, él era así, se enfadaba cada vez que le llevabas la contraria siempre acostumbrado a salirse con la suya.  Volvieron a hablar, a verse  las chispas saltaron de nuevo y una vorágine inexplicable se apoderaba de ellos.
 Por la noche esperaba su charla con Alicia necesitaba oírselo decir lo que ella ya conocía: dejar y alejarse rápidamente de Alberto.
    La bronca que  le dedicó fue monumental pero Marian la aguantó estoicamente por que estaba llena de razón. Cuando Alicia calló ella sonrió con una mueca mientras que comprendía su enfado, pero le costaba tanto hacerlo… Sin embargo lo conseguiría a cualquier precio, pero éste  era tan alto…
   Alicia comenzó a hablar de sexo para distraerla y continuar con sus consabidas bromas habían encontrado un divertimento inocente; habían conectado.
 Pese a la juventud de Alicia en sus conversaciones ello no se notaba, más bien al contrario, se encontraban tan a gusto que parecían conocerse desde siempre. Comenzaron a verse más a menudo unas veces solas y otras los tres, hasta que una de esas ocasiones apareció Marian con Juan.
     Con toda naturalidad la tarde iba cayendo se fueron a casa de Alicia, era el morbo llevado al extremo y su marido sin saber nada….Sin quererlo o tal vez si Marian se vio envuelta en los juegos de Alicia.
   Amaneció un día espléndido de sol y calor pese a estar acabando el mes de febrero, la playa estaba llena de turistas acaparando los primero rayos. Marian y Alicia esa tarde se fueron a bailar luego tomaron unas copas  antes de ir a casa. Una vez en el dormitorio sus ropas se desperdigaban por los muebles, por el suelo y se tiraron sobre la cama.
   Cansadas, las palabras apenas susurradas, los ojos entornados y sus cuerpos exuberantes, Alicia no pudo reprimir los deseos de poseerla  Marian se dejó querer sin oponer resistencia, estaba descubriendo el placer más  íntimo con una mujer. Nadie hasta ahora la había elevado de esa forma al séptimo cielo.
   Se quedaron dormidas entrelazadas, cuando el timbre del  teléfono las sacó del plácido sueño. Su marido estaba llegando a casa rápidamente se ducharon  María salió  a toda prisa.
   Una vez en casa comenzó asimilar la experiencia nocturna esperaba tener sensaciones encontradas y con extrañeza vio que no le incomodaban para ella había sido importante y quizás Alicia...
   Seguramente no volverían a verse después de ese día pero se equivocaba la llamó para verse, necesitaban  hablar. Cuando colgó el auricular los nervios se apoderaron de ella.
    Las cavilaciones comenzaron a atormentar su pensamiento. Al verse se abrazaron con gran efusión y los miedos de Marian desaparecieron. Cogidas de la mano paseaban descalzas por la arena de la playa sin despegar los labios, de vez en cuando un apretón de sus manos transmitían sus emociones, su calor y su deseo...

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jueves, 24 de diciembre de 2015

CITA

   Amor y deseo son dos cosas diferentes, que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.
                                      (Miguel de Cervantes 1547-1616)

miércoles, 23 de diciembre de 2015

BRUMAS Y NIEBLAS


  Estos días los he pasado cómo solemos decir “cargando  las pilas” a las orillas del Duero. Aunque parezca un contrasentido he cambiado el clima levantino por el frío de la meseta castellana.

   Las nieblas persistentes durante días y algunas veces tan espesa que hubiera que blandirla con una espada cual locura quijotesca. Otras en cambio parecía una capa fina que nos envolvía llena de misterio al llegar la noche.

    Con el suelo siempre mojado como si acabase de llover y las temperaturas en su máximo esplendor invernal (-1º en pleno mediodía) a pesar de todo las echaba de menos. Después de tantos años sin sufrirlas sin embargo las añoraba, hice  un viaje fugaz por la memoria.

    Me sorprendí de lo bien que me adapté al clima, todos iban pertrechados con bufandas, guantes, gorros y por descontado con  gruesos abrigos. Y yo solo con la trenca: “qué atrevimiento ¡Qué locura ¡ con el frío que hace” escuchaba a mi paso.

  En medio de tanta humedad por fin el sol se dignó aparecer y las temperaturas se suavizaron hasta el punto de florecer las margaritas y otras de color morado. Entonces aproveché para acercarme a la ribera del río.

   Un paseo largo contemplando sus aguas que en su rumor me hablaban de tiempos pretéritos y de pronto escucho su voz diciéndome:” Tócame, hunde tus manos en mí porque  te traigo  fortaleza,  vigor  para la lucha y un poco de inspiración para el alma.”

   Me agaché hasta cubrir por completo  mis manos y con sorpresa comprobé que el agua estaba templada seguí unos segundos disfrutando de ella haciendo dibujos como cuando niña. Seguidamente las froté una y otra, y otra vez para sentir que fluían por mi piel  todos los frutos intangibles que mi ser necesitaba. Las dejé secar al aire y al sol en espera que el sortilegio surtiera efecto.

    Continué caminando por la orilla ensimismada con su rumor, bendita  banda sonora de mi existencia. El tañer de las campanas de una iglesia lejana me topó con  la realidad.

    Como si percibieran mi partida las nieblas  regresaron a despedirme pero ahora las capturé por un instante en el móvil.

    He vuelto a la tierra de la luz y del color. De tarde en tarde cuando vea las templadas brumas como un velo cernirse sobre el majestuoso castillo, recordaré los días en que las frías nieblas de mi tierra castellana lo cubren todo creando un mundo de misterio y fantasía.


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martes, 22 de diciembre de 2015

REFRÁN

No hay campana sin badajo, ni sopa buena sin ajo.

NUBES DE CARAMELO

    Necesitaba estar unos días a solas cerca del mar, pero no en cualquier mar, si no en el bravo al borde de los acantilados. Una fuerza interior le urgía a sentir el poderoso ruido de sus olas rompiendo contras las rocas. 
   Se tomó unos días de vacaciones para poner rumbo al norte, a un pueblecito asturiano donde una cabaña la esperaba con todo lo que pidió por Internet. Allí, alejada del bullicio de la gran ciudad, volvería a encontrar la inspiración, esa que llevaba dos años ausente de su vida.
    Los cuentos infantiles que tanto gustaban a los niños pero que leían los padres ya no los escribía, era mucho tiempo sin narrar para ellos. No se llevó el portátil, sin embargo cargó la maleta con cuadernos y lápices de grafito junto con las acuarelas. La radio era su inseparable compañera.
   Se instaló en la casa colocando las pocas pertenencias que había llevado, se calzó las deportivas y salió a reconocer el paisaje. Apenas se encontró con una o dos personas en su paseo, observó la belleza del mar con los últimos rayos de luz y por primera vez en años, se sintió estremecer de emoción al contemplar tan hermoso anochecer.
   Estaba  cansada del viaje  reconfortada por el paseo, tomó un pequeño refrigerio, conectó la radio, se aseó para meterse en la cama. Durmió plácidamente toda la noche  al despertar se desperezó muy despacio, por primera vez estaba relajada no sentía la presión de la ausencia de ideas para escribir.
    Cogió su cuaderno y su caja de pinturas con la firme decisión de trazar un bosquejo de la naturaleza que tenía a su alrededor. Le encantaba el cromatismo vivaz, no había más que echar una ojeada a su vestuario para percibirlo, era un reflejo de su carácter. A medida que ascendía hacia los acantilados, vio a un hombre sentado en una roca frente al mar.
    Según se acercaba le notó absorto contemplando el caballete con el pincel en la mano, parecía que no sabía muy bien por donde continuar su incipiente cuadro. No deseaba incomodarle y se desvió por un sendero más abrupto que le conducía a unos arbustos donde algunos animalitos se refugiaban de las miradas de los humanos.
   Se acomodó entre la hierba, abrió su bloc y comenzó a garabatear el paisaje, garabatear porque el dibujo nunca fue su fuerte pero no sería por falta de constancia.
   Los ruidos de su estómago le avisaron de  la hora de volver a la cabaña,  recogió sus bártulos y comenzó a desandar el camino, pero al llegar a la bifurcación se encontró con el pintor cargado con el caballete y demás útiles de su oficio. Solícita, se ofreció a aligerar su carga. Durante el trayecto comentaron como les había ido la mañana.
    El artista  comentó que acudiría al mismo sitio por la tarde, ya que el cambio de luz afectaba a la luminosidad que buscaba para su pintura.
   A ella le había  había llevado hasta ese bonito rincón escondido, su falta de inspiración  si después de las vacaciones no la recuperaba, tendría que volver a su antiguo trabajo lleno de monotonía en una oficina sin luz natural en la capital.
    Después de despedirse, con el sol en su cima, lo que verdaderamente le apetecía a la joven era algo fresco y una siestecita, antes de volver al acantilado.
    Tuvo un sueño agitado, no paraba de dar vueltas hasta que sobresaltada se despertó. Por un instante se sintió desorientada, todo le daba vueltas. Cerró de nuevo los ojos y enseguida los abrió pero todo estaba en orden tal y como lo había dejado antes de acostarse.
    Volvió a mover la cabeza de lado a lado, como si con el gesto ahuyentara los temores que de niña le asustaban. Se lavó el rostro varias veces con abundante agua fría  y a continuación  pasó los dedos por su pelo corto.
    Necesitaba aclarar sus ideas para ello pensó que lo mejor era andar bordeando la costa, sintiendo la brisa  sobre su piel. Protegió su nívea piel con abundante crema, se calzó de nuevo las zapatillas y cogiendo una botella de agua se dispuso a salir a caminar por los acantilados.
   Respiraba profundamente para que el aire húmedo hinchara sus pulmones, purificando todo su organismo. Lo que buscaba era renovarse, cargar de energía su cuerpo y llenar de paz su espíritu, en definitiva salir fortalecida para emprender de nuevo la lucha.
    Anduvo demasiado  se encontraba fatigada, se aproximó con cuidado a la peña más cercana al mar, pero esta vez no vio al artista, así que estuvo un buen rato contemplando las maravillas naturales hasta que el sol se escondió. Con la luz del anochecer bajó hacia la cabaña a toda prisa por temor a que la noche no la dejara ver los obstáculos del camino.
    El cansancio la adormecía y se fue a la cama  para ver amanecer, era un espectáculo que en la capital no podía disfrutar. Al día siguiente encaminó sus pasos hacia el lugar donde solía sentarse el anciano con sus herramientas pictóricas.
    Tenía la inquietud de conocer la obra del pintor y de adquirir algunos conocimientos de la pintura que tanta fascinación causaba en ella.     Sus ojos se fijaban en la viveza de los colores que el artista aplicaba. Le asombró descubrir que toda la composición se basaba en unas hermosas y diminutas criaturas, rubias y de ojos tan azules como el mar, una composición extraña en un paisaje claramente reconocible. Creaba un mundo mágico, desconocido para ella.
    Apenas intercambiaron algún comentario sobre la obra, él no daba crédito a que no le reconociera siendo tan afamado en los círculos artísticos. “Mejor así”, pensó; estaba saturado de los  elogios vanos que a veces escuchaba. Por lo menos ella lo trataba con respeto pero sin adulaciones.
  Después de pasar toda la mañana juntos el pintor, la instó a contemplar los últimos cuadros que había pintado desde que se trasladó la primavera pasada. Ante sí vio como la temática era la misma solo cambiaba el fondo.
    La cronología era como estar viendo una película de fantasía.      Descubrió como en cada pintura el centro estaba dominado siempre por una misma figura etérea, con unas alas apenas perceptibles, mientras que en las demás se veían con toda nitidez. Al preguntarle por ello la respuesta la dejó tan desconcertada que no reaccionó.
   ¿Cómo es posible que estuviera pintando lo que soñaba y que además la estuviera esperando? ¡Si hasta hace unos días ni siquiera ella sabía en que lugar concreto iba a descansar!
   Su sorpresa fue aún mayor cuando que el pintor le indicó sonriendo que observara los rasgos faciales de la figura principal. ¡Qué casualidad! ¡Qué parecido tan enorme! En verdad que le recordaba cuando era pequeña y cuanto más la observaba, más se reconocía.
   La invitó a comer en un hotel rural próximo al pueblo. Cuando degustaban las  viandas de la zona, el artista comenzó a contar las historias que por allí pululaban. Le habló las creencias de la gente en la existencia de las xanas (ninfas y hadas).
 Después se fueron paseando hacia el mar y el pintor comenzó a narrarle una de las leyendas que por allí se decían. Cuando más avanzaba en el relato más intrigada se sentía, supo que las xanas intercambiaban sus hijos por los humanos para que éstos los alimentasen con leche, ya que ellas carecían de pechos.
  En un periodo aproximado de cuatro meses los volvían a cambiar, pero al niño humano siempre le dejaban de regalo una cualidad con la que se le facilitaría su estancia en el mundo.  Después de referir la historia hizo una pausa prolongada, la miró y dijo: “yo soy uno de esos niños. Ahora solo me queda rogarte que cuentes sus mundos mágicos, para ello te daré los cuadros que pinté durante mi estancia aquí. Es la inspiración que andabas buscando, mientras escribas sobre ellas todo irá bien. Si alguna vez te vuelve a fallar, ven aquí y las xanas te recompensarán”.
    No salía de su asombro ante semejante revelación, pero no se lo pensó dos veces cuando le prometió que escribiría inspirada en sus pinturas. Dieron la vuelta y fueron a por los cuadros. El artista se despidió de ella, pues al día siguiente partía a la ciudad por unos compromisos ineludibles.
     Al día siguiente se sintió triste por la ausencia de su nuevo amigo.    Con calma y cuidado fue envolviendo sus cuadros, los metió en cajas y las selló para protegerlos.
     Por la tarde cuando refrescase se alejó de allí pensando que había descubierto un mundo mágico. Se había reencontrado con la niña que fue y eso le había ayudado a comprender lo que el artista le transmitió.
    De vuelta a la rutina se maravilló al contemplar cómo las pinturas cobraban vida, ¿o acaso era su imaginación? Se puso delante del portátil y sus dedos volaron sobre el teclado, apenas comió pues no podía dejar de escribir... ¡hacía tanto que no le ocurría!
    Los días se la pasaban volando, le faltaban horas para escribir, estaba emocionada con las historias. Una tarde, un timbrazo la devolvió a la realidad: una amiga la llamó para recordarle que tenía que acudir a una exposición de pintura a la que ambas habían sido invitadas, así que se calzó los zapatos, cogió el bolso y bajó corriendo las escaleras.
  Iba deteniéndose en cada pintura, eran de variada temática desde lo abstracto al retrato pasando por los bodegones, pero fue el cuadro que cerraba la exposición el que la dejó boquiabierta:, lo reconoció aunque la pintase con el pelo largo, rubio y unas tenues alas semi transparentes en medio de unas nubes blancas deshilachadas y otras rosadas.
    Sonrió al ver como le recordaban a las nubes de caramelo que le compraban cuando era niña. Desde el fondo de la galería unos ojos de mirada dulce le estaban diciendo que en el cuadro había algo más que ella debía encontrar.
     Los reconoció y los suyos respondieron pero con preguntas que hasta entonces no había hecho. ¿Por qué la pintaba con alas transparentes? ¿Qué mensaje trataba de enviarle? Los interrogantes bullían en su cabeza una y otra vez, quiso aproximarse al pintor para que le diera alguna clave que le ayudase a descifrar la pintura, pero  desapareció con un grupo que salía y con él, su oportunidad de saber.
    Se volvió hacia el cuadro para memorizar cada detalle, buscaba las pistas que el artista le decía a través de la pintura. Suspiró profundamente cuando una idea increíble cruzó por su cabeza.

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jueves, 3 de diciembre de 2015

REFRÁN

Amor con casada, vida arriesgada o sol de pasada.

LOS POLÍGLOTAS

     Ayer fue un día muy estresante para todos pero el que más tarde acaba es Daniel, los lunes es el peor de toda la semana. Al de salir del colegio fue a la academia de inglés, después a la escuela de música y más tarde un ratito con prácticas de guitarra.

    Menos mal que no tenía deberes y con una ducha calentita se preparó para cenar, pero entre un lugar y otro merendó dos bocadillos. Porque siempre dice " me muero de hambre”.

    Hoy se presenta parecido al de ayer la estresada es la mamá que después de su jornada laboral continua con sus clases de portugués e inglés. Su afición por los idiomas viene desde la adolescencia.

   En el instituto además del inglés estudió francés y el latín obligatorio (lo hablaba) y me pedía aprender alemán. ¡Si ya no le quedaban horas!

  Aún así lo intentó, y yo con mi sorna habitual le decía: Vas a ser una “polidiota muu... reconocida." Ella sonreía.

   “Y es que España se nos dan muy mal los idiomas”, es una frase muy común de oír en las conversaciones habituales y a continuación seguimos como disculpa, porque suena a ello, no como en la Europa del Este que los aprenden con una facilidad impresionante.

      No será más bien que hasta ahora no nos hemos preocupado de aprenderlos porque no vamos a salir fuera, ni a trabajar en el exterior.

      Pero la cuestión empieza a  cambiar ya sea por necesidad o por que nos hemos vuelto más viajeros se aprenden por el placer de entenderse con otras personas, aprender sus costumbres y enriquecerse con la variedad de gustos.

        Ahora su afición se la inculca a sus hijos y yo sigo con las bromas de distorsionar las palabras aunque sean de otro idioma que por supuesto desconozco.