lunes, 1 de febrero de 2016

RUTINA Y DISCIPLINA


     A ella muy de tarde en tarde la iba a visitar la abuela única que contestaba a sus cartas; pese a las grandes  dificultades que una anciana tenía que superar. Se sentía abandonada por el resto de su familia.
  Cuando salían al recreo Juana Mª se encerraba en el wc  llorando a moco tendido llamando a su mamá, nadie la oía por el bullicio y alboroto de los juegos de las demás.
   Estudiaba con ahínco su curiosidad le empujaba a ello comenzaba a cogerle el gustillo a las redacciones y aprender el vocabulario.
  Le encantaba leer y descubrir  e imaginar aventuras en cada una de sus  lecturas. Poco apoco el tiempo iba suavizando su dolor y  a vivir con él.
  Un día entre el llanto vio la imagen de su mamá que flotaba, iba vestida con una túnica blanca y rodeada de un halo nebuloso escuchó sus palabras  diciéndole que siempre estaría a su lado y la seguía queriendo muchísimo.
   A parir de ese momento se liberó se sintió más fuerte curiosamente desarrolló una capacidad desconocida, tenía  sueños que con el tiempo  los veía que se cumplían para ella se fue convirtiendo en algo habitual creyó que le pasaba a todo el mundo.
 La monotonía del curso seguía su ritmo habitual los fines de semana eran divertidos los sábados por la tarde con el baile y los domingos con las series de la televisión.
    Con el buen tiempo salían de paseo después de la merienda iban en fila de dos en dos.  Les hacia gracia cómo las monjas vigilaban la postura corporal.
      Sacaban un poco de joroba solo por escucharlas gritar: ¡Esas espaldas rectas, las barbillas altas! Sonaban desde el final de la fila y a continuación un murmullo de risitas.
    Lo repetían pocas veces por sí el enfado se adueñaba de las monjas y los castigos comenzaran a llegar a borbotones  y eso, gracia... Lo que se dice gracia ...ninguna.


                                      ©   

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