miércoles, 30 de marzo de 2016

LO VOLVIÓ A VER

    Después de tanto sufrimiento, de tantas idas y venidas por esas cosas de las redes lo volvió a ver. Le miró una y otra vez, mientras acariciaba su rostro con el cursor, ya no sintió palpitaciones, ni rencor, ni indiferencia, por fin había conseguido romper el influjo de su hechizo y solo  le quedaba un  tenue velo de cariño.
   Entonces recordó cómo se enamoraron, sí, se enamoraron con ternura, con dulzura, con pasión y con tanta locura…sus almas se enamoraron.
   Se encontraron entre una multitud y sus labios rozaron las mejillas; con los ojos se dijeron todo lo que sentían. No hubo más contacto físico y el tiempo fue pasando deseando olvidarse, pero un hilo invisible les unía tan fuerte, que eran incapaces de vencer su resistencia.
  De tarde en tarde un acorde vibrante de guitarra les hace cimbrear su corazón y toda lucha anterior se vuelve vana. Sus sentimientos afloran de nuevo viviendo en una noria constante.
   Ahora su vida había cambiado tras dos relaciones fallidas comprendió que no necesitaba a nadie que borrara su rastro, asumió lo mejor de aquella  entrega y llegó a la conclusión de que sus vidas se cruzaron en el momento equivocado.
   Quizás por ello no sintió más que dulzura hacia él, para ella fue un gran descubrimiento ver cómo los viejos fantasmas habían desaparecido. Sin embargo deseaba verlo y hablar con él para cerciorarse, cuando por fin lo hizo recobró  la calma y sintió aliviado su desgastado corazón.
 
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martes, 29 de marzo de 2016

REFRÁN

Cuando marzo mayea, mayo marcea.

REMEMORÓ SU VOZ


       Unos minutos más tarde el tren hizo su aparición en la estación, iba cargada con una maleta, el portátil, su bolso y con el billete en la mano buscaba el vagón para colocar el equipaje.

   —¡Clara, Clara!—oyó que la llamaba una voz que no le era desconocida y a la que no  ponía cara, se volvió a mirar hacia donde venía  desde la puerta de un vagón que no consiguió ubicar; si se entretenía iba a perderlo ya que comenzaba a sonar su  timbre.

   Acomodada en su butaca respiró profundamente mientras su mente hacía esfuerzos por recordar al dueño de esa voz. Con la impaciencia de una adolescente no soportaba la incapacidad de  recordar a la persona dueña de ese timbre de tan característico que su memoria tenía archivada tan al fondo.

    Atravesaba el túnel para llegar a la otra estación sin pensar se levantó y revisaba uno a uno cada vagón a ver si algún rostro le resultaba conocido, eran demasiados y en diez minutos ya estaba en Atocha.

     Se asomó a la puerta cosa inútil ante el trasiego de viajeros al darse la vuelta oyó de nuevo— ¡Clara, Clara!—

   Giró la cabeza pero tampoco vio a nadie familiar volvió a su asiento y miró por la ventana a lo lejos creyó intuir una figura de hombre con unos rasgos y un porte que le recordaba a alguien lejano… ¡Cómo iba a ser él!   Ha pasado toda una vida desde la última vez que se vieron, a través de las ventanillas de sus respectivos vehículos en aquella estrecha carretera; donde gritó su nombre y los rugidos de las dos fieras lo debilitaron.

   Con sus respectivas parejas al volante y ellos atrás con sus hijos logró leer en sus labios un “te quiero” Clara le dedicó un gesto afirmativo por respuesta, entornó los ojos rememorando su voz diciéndoselo al oído años atrás.

    Ahora cuarenta años después sin verse ¿Cómo podía ser él? Estaban cada uno en una punta del país; se recostó en la butaca y se dijo: ¡Qué boba, anda que no hay Claras por el mundo!....

    Al llegar a casa sonó el teléfono lo descolgó pero nadie le respondía solo una fatigada respiración se escuchaba al otro lado. Pasaron los meses sin volver a pensar en ello cuando la llamada de una amiga común le comunicó su muerte.


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EN EL INTERNADO

     Después de recorrer todo el colegio en seguida se quedó sola. Entró en el dormitorio grande y alargado, a la izquierda se hallaban dos celdas en las que dormían las monjas que las vigilaban durante la noche; le asignaron una  cama que desde entonces sería la suya a su cabecera una tosca mesilla  que  compartía con la otra cama.
     Desató su colchón de lana hecho por su abuela comenzó a hacer su cama antes de bajar a las clases. Nada más ocupar su sitio la  hicieron  un examen de todos sus conocimientos.
   Se examinaban de Ingreso en Madrid, querían incluirla en ese curso para que fuera con las niñas de la  edad. Como no diera tiempo a matricularse  en el instituto Beatriz Galindo  la llevaron a la sede central de las religiosas y allí el trece de junio la examinaron.
   Regresaron de Madrid  y esperaban sus notas con impaciencia para irse de  vacaciones.
    Cuando llegó al pueblo todavía los niños seguían yendo a la escuela como se aburría en casa decidió ir ella también.
    Los amigos no comprendían porqué iba si ya tenía vacaciones ellos por descontado no irían. Todos tenían hermanos y ella no.
     Estaba rodeada de personas ancianas necesitaba jugar con los amigos, los primos y hablar con gente joven sobre todo con María la que otrora fuera amiga de su madre. ¡Cómo la echaba a faltar! …, se pasaba las noches en el patio de la casa mirando las estrellas en busca de la más reluciente por si en ella se encontrara su madre.
    En su desbordante imaginación construía aventuras y mundos que le gustaría recorrer lo convertía en su momento evasión, le fascinaba  poder crear su universo particular en el que nadie osara entrometerse.
    El otoño frío y húmedo traspasaba los muros del viejo caserón, ahora llevaba una bolsa de agua caliente para entrar en calor cuando fuera a la cama. Después de la cena las religiosas jugaban con las niñas para fomentar una buena convivencia y a la vez entrar en calor.
   Los domingos por la tarde abrían la clase de parvulitos en la planta baja para que entraran todos los niños y niñas que quisieran a bailar.
     Pero el primero de bachillerato se le hizo muy, muy duro no por los contenidos didácticos, si no de tipo emocional…, ahora es cuando verdaderamente echaba en falta a su madre.


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COSAS DE CRÍAS

      Llegaba el mes de junio y por consiguiente las fechas de los exámenes finales, entre los nervios junto a la preparación de las maletas las niñas estaban muy alborotadas, se iban a Madrid   acompañadas por dos religiosas.
    Finalizados los exámenes las niñas se dispersan con sus familiares, muy pocas regresaban al internado y al día siguiente se iban de vacaciones.
     Juana Mª  cuando el autobús se acercaba al colegio decidió  no bajar y continuar viaje hasta casa, dicho y hecho.
   Cuando entró en casa el recibimiento fue solemne, tanto que la bronca de su tía creyó que se oía en todo el pueblo, habían llamado por teléfono del internado y al día siguiente tendría que regresar.
    Mientras regresaba en el autobús pensaba qué castigo la impondrían así que cuando entró se dirigió al armario del primer piso donde se guardaban las maletas y los abrigos.
       La  Madre Rosa al verla solo quiso saber como se le ocurrió semejante  bobada.
     Juana Mª impasible  le contestó - así se ahorraba el dinero del viaje del día siguiente-
Enfurecida con la desobediencia de la niña o quizás por una respuesta lógica que no esperaba, la regañaba levantando cada vez más la voz  y la niña  con aplomo se atrevió a replicarle pidiéndole un castigo para dar por finalizada la reprimenda.
    Eso ya fue la gota que colmó el vaso y la religiosa  le espetó que la expulsaba así que no podría continuar estudiando.
    Juana Mª sin inmutarse le dijo: entonces ahora me voy- se dio la vuelta para coger su maleta tan tranquila y la religiosa al ver que no le afectaba la dio un empujón contra la puerta del armario y le dijo: sí vete pero en octubre vuelves si es… que has aprobado todo – esa coletilla le sentó a la niña como una bofetada.
  Continuó callada y cargada con la maleta volvió sobre sus pasos a esperar la llegada del autobús para ir  a casa a comenzar las ansiadas vacaciones.
    Pasaría el día con su tía  y al siguiente estaría en casa con los abuelos y su padre.
    Empezaban las labores de recogida del cereal la diversión con los amigos estaba asegurada, montar en los trillos, los baños en las acequias o en algún arroyo próximo y la consabida merienda veraniega que tanto les satisfacía.

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UN NUEVO CAMBIO

   Las madres ayudadas por sus hijas arreglaban las casas y hacían dulces que  probaban con fruición. Los corderitos estaban a las puertas de su día final.  Asado en horno de leña en unas grandes cazuelas de barro se convertía en  plato extraordinario que acompañado de hermosas y llamativas ensaladeras llenas de hortalizas de colores vivos invitaban a devorarlas. 
     Con el vino de la vendimia anterior se regaban las opíparas comidas y a los niños se les mezclaba con gaseosa (que se hacía disolviendo el contenido de unos sobres  en agua).
       Los días de gozo  dieron paso al trabjo de reparar los aperos para la próxima vendimia. Era síntoma inequívoco de que las jornadas de asueto se acababan para Juana Mª.
     El cinco de octubre tomaría el autobús con su maleta repleta de ropa y  otras  muchas cosas preparadas por la abuela.
      La querían con locura ellos le contaban cantidad de historias de la familia  sobre todo lo referente a la infancia materna.
     La decían que los ausentes mientras les llevemos en el corazón y hablemos de ellos éstos permanecerán entre nosotros.
     Los rumores sobre los problemas en la comunidad de religiosas corrían cómo la pólvora, la Madre Superiora se encontraba muy enferma tanto que a los pocos días falleció. Fueron unas semanas raras la atmósfera estaba impregnada de tristeza.    
  De pronto el bullicio desapareció y la clase de música de Juana Mª también. En el mes de junio  les dieron la peor de las noticias no podrían volver al colegio al curso siguiente. Tendrían que buscar otro  para continuar sus estudios.
    Sin pedirle su opinión sobre la ubicación se enteró cuando la acompañaron en un taxi al nuevo centro. Al llegar comprobó que no se parecía en nada al antiguo colegio, este era  un edificio moderno con las últimas comodidades y grandes ventanales que dejaban pasar el paisaje dentro.
     Ver el Moncayo cubierto de nieve durante el invierno y en la primavera gozar de sus hermosos cambios cromáticos, cosa que siempre le fascinaban.
   Juana Mª se integró mejor de lo previsto aunque el ambiente era muy diferente  y la relación con las religiosas más distante.
    De vez en cuando había alguna ocasión para hacer bromas inocentes y pasar un momento relajado.
   La Madre Lucrecia  era muy mayor cuando la veían subiendo la escalera la preguntaban: Madre, ¿quién es la más guapa? y ella les respondía— todas hijas mías, todas sois muy guapas pero cada una en su  estilo— las niñas reían a carcajadas.
  
FIN

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REFRÁN


Cuando el abril abrilea, bien luce la primavera.

lunes, 28 de marzo de 2016

domingo, 27 de marzo de 2016

DEBAJO DE LA CAPA


   Debajo de la capa de Luis Candelas…. Es el primer verso de la canción que desde niña escuchaba en la radio, al igual que otras muchas  las cuales se denominan canción española o familiar “la copla”, todas ellas encierran un poso de veracidad.

   No solo hubo bandoleros andaluces que sus “hazañas” han llegado hasta nosotros, también  en Madrid aunque el más conocido sea Luis Candelas Cajigal que nació el nueve de febrero de 1804 en la calle del Calvario del barrio de Lavapiés era el tercero de los hermanos.

   Su padre regentaba una carpintería y pudo darle estudios en el colegio de S. Isidro fue expulsado a causa de que un clérigo le dio una bofetada y él respondió con dos.

    Siguió leyendo todo lo que caía en sus manos le gustaba vestir bien y ser educado pero a los quince años hizo su primer robo fue detenido  y luego apresado en la cárcel de la Villa por deambular  de madrugada por la Plaza de Santa Ana.

    A los diecinueve años murió su padre por ello se dedicó a ser librero duró poco tiempo pues fue condenado a seis años de cárcel por robar dos caballos y una mula.

    Entre 1823 y 1830 se dedicó a conquistar mujeres y vivir de ellas, era un D. Juan de la época he recogido una reseña de su aspecto: “ Era moreno, bien parecido, dientes blancos, con patilla ancha y flequillo bajo el pañuelo, bien afeitado, calañés, faja roja, capa negra, calzón de pana y calzado de mucho tirar.”

   Después se dedicó al latrocinio y tuvo dos duelos uno contra Paco El Sastre, a partir de entonces se convirtió en su mejor amigo y le hizo ganarse el respeto de los barrios de Madrid.

    En 1835 formó una cuadrilla de diez componentes con los que se reunía en la taberna del Cuclillo y en la taberna de Jerónimo Morco entre otras donde les ofrecían buen vino, buenas “cantaoras”, escondite y compañía femenina.

    Sus fechorías cada vez más arriesgadas y mayor botín conseguidas por su ingenio fueron cantadas por los madrileños; su doble vida de indiano adinerado y respetado de día con su falso nombre “Luis Álvarez de Cobos” y por la noche salía por la puerta de atrás como rey de los bajos fondos.

   En una de sus visitas a la cárcel conoció al político Salustiano de Olózabal al que ayudó a escapar. Agradecido al bandolero le inició en la masonería en la “Logia Libertad” Luis lucía una capa negra símbolo de los masones.

   Tres mujeres marcaron su vida, se casa en los carnavales de 1827 con Manuela viuda de veintitrés años que también pasó por la cárcel, durante la luna de miel vieron que no eran compatibles y Luis la abandonó ese mismo año.

   L a segunda Lola la naranjera que según la tradición era amante de Fernando VII y por último Clara joven de clase media con la que se fue a vivir a Valencia donde siguió robando.

    Asaltó a la modista de la reina en su taller y al embajador de Francia en su diligencia, huyó con Clara hacia Inglaterra pero al llegar a Gijón ella no quiso seguir y decidieron volver a Madrid.

    Fue detenido y juzgado el dos de noviembre de 1837 siendo condenado a morir a garrote vil, pidió clemencia a Mª Cristina de Borbón siendo denegada.

    Murió el seis de noviembre de 1837 con treinta y tres años, cuando estaba al pie del garrote dijo la frase: “¡Adiós Patria mía, sé feliz!”

     Existe una taberna en Madrid llamada “La cueva de Luis Candelas”  que nos lleva aquella época digna de visitar y aviso “cuidado con las carteras”.

 


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viernes, 25 de marzo de 2016

REFRÁN


Mezcladas andan las cosas: junto a las ortigas nacen las rosas.

 

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jueves, 24 de marzo de 2016

EL ESCUDO DE MARTE


Escuchando la radio por la noche me encontré con esta curiosidad que antes desconocía, espero que os sorprenda como a mí.
   Cuando los romanos se hallaban en el templo de Marte cayó del cielo un trozo de metal sobre el rey Numa Pompilio (sucesor de Rómulo),  durante una peste que los asolaba. Se oyó una voz que decía que Roma debía ser señora del mundo mientras conservara el escudo.
   Numa por consejo de la ninfa Egeria encargó once escudos idénticos para si intentaban robarlo no fueran capaces de distinguirlo el verdadero de los falsos. Estaban hechos de bronce de forma oval con una escotadura a cada lado y dos pies y medio de longitud.
  Los ancilas o escudos sagrados se guardaban en el templo de Marte custodiados por los doce sacerdotes llamados saliares constituidos a tal fin. El encargado de dirigir a Roma a la guerra tenía que pasar por el vestíbulo del templo  donde antes de marchar y después de haber golpeado los escudos y tocado la lanza del Dios exclamaba:”Marte vigila, Marte despiértate”.

Cada año en el mes de marzo los procesionaban los ancilas tres días alrededor de Roma y después los colocaban de nuevo en su lugar; durantes éstas fiestas no se podía celebrar ningún matrimonio ni emprender cosas de importancia.



REFRÁN


En caso de duda, no determines, cosa alguna.

miércoles, 23 de marzo de 2016

CITA


Cualquier hombre hasta el más serio, antes cornudo que en el cementerio. (Como si se pudiera elegir) Anónimo

martes, 22 de marzo de 2016

REFRÁN


Dijo la sartén al cazo: quítate allá, que me tiznas.

LA ISLA SIN NOMBRE

    Era una tarde heladora de esas que por más que te calientes no sacas el frío del cuerpo. Un grupo familiar sentados al calor de la lumbre, sin televisión ni radio charlando y contando anécdotas de tiempos pretéritos.

     El abuelo recostado en su sillón con su barba blanca y calvo quizás por ello se dejó cubrir la cara, había cambiado mucho ahora era enjuto el paso de los años se leían en su cuerpo; los ojos entornados, pensativo como quién duda si contar o no un viejo secreto.

     Dice una vieja leyenda   pero nadie lo sabe a ciencia cierta; que en la  isla  donde el río Perico se entrega al Duero abrazada por los dos ríos, crecen frondosos árboles, toda clases de arbustos y plantas silvestres que desprenden un perfume especial.

    Vista de lejos a penas se percibe un palmo de tierra, parece un gran bosque enmarañado que flotase en el agua. Un mundo impenetrable donde nadie osaba acercarse.

     Solo visible por unos elegidos en la crudeza del invierno, pues a medida que se suaviza la estación se cubre con un manto de niebla.

  Después de contar antiguas tradiciones el abuelo se incorporó a duras penas apoyado en el bastón se despidió de todos con un abrazo retirándose a su cuarto.

   Casi al amanecer el crujir de la vieja tarima me despertó, con mis sentidos alerta esperé unos minutos pero el silencio reinaba en la casa, entonces me dije: lo habré soñado. Me acomodé  dispuesta a relajarme y  al momento roncaba profundamente.

   —No te vayas todavía—

   —Si cariño, es la hora—

   —Abuelo, no por favor—

   —No te preocupes estaré bien—

   ¿Dónde vas?—

   A la isla sin nombre, un lugar maravilloso para los habitantes de San Andrés—

   ¿Entonces me esperarás hasta que vaya?—

   No lo sé eso lo decide la isla que vela por el pueblo protegiéndonos y a veces las menos también castiga—

   ¿La isla es mágica?—

   Si lo quieres decir así…  es un lugar muy, muy especial de belleza sin igual—

   Me voy cariño es la hora no llores porque  donde voy es un lugar placentero, eres joven con unos ojos negros grandes y una cara como la luna y ese pelo largo que siempre llevas recogido; y lo principal un alma llena de generosidad tienes mucho camino que recorrer—

   Sí abuelo—

    Sintió un fuerte beso en la mejilla que le transmitía todo su amor mientras le susurraba nunca fuera por la isla es peligroso.

   La verdad es que nadie se aproximaba a la isla sin nombre ni siquiera se comentaba de su existencia; unas voces la despertaron miró hacia la ventana era de día, un día gris y lloviznaba.

   Se levantó  a por su primer café vio a  todos en la cocina y entre sus manos tazas calientes y lágrimas silenciosas por sus rostros; me observaban sin decir nada, entonces  corrí hacia el dormitorio del abuelo y al abrir la puerta estaba vacío. 


                  
 
         Sentada en su cómodo sillón, relajada, con los ojos entreabiertos escuchaba la música que se expandía por toda la habitación. Unas notas evocadoras la transportaban a tiempos pretéritos. Bajo ese fondo musical  del Maestro Rodrigo volvió añorar sus años de juventud, cuando paseaba con sus hijos por los mismos jardines que tanto inspiraron al genial compositor.

         En primavera, cuando la estación finalizaba, planificaron su visita por Aranjuez. Había deseado tanto en el pasado conocer el Palacio, la Casita del Príncipe y los jardines que los disfrutó cada instante. A medida que la melodía avanzaba más y más se encontró inmersa en el paisaje. El solo de guitarra penetraba con fuerza en su interior, según se iban desgranando las notas. Su mente le traía  el recuerdo de los frondosos árboles, las flores con tanta variedad de luz y color Y el rumor del agua corriendo por sus fuentes. Todo ello conformaba una maravillosa sinfonía de color.

         Con la llegada al trono de Felipe V, quiso tener en España unos jardines que le recordaran a los de Versalles. Por ello engrandeció el Palacio y añadió el Jardín del Parterre, encargándoselo a un jardinero francés llamado Boutelou. Para ella éstos eran magníficos, los tenía tan cerca que en algún momento de su vida los podría visitar. Cuando por fin pudo pasear por ellos, un mar de sensaciones despertó todos sus sentidos. Con todos ellos absorbía cada imagen, cada sonido y hasta el más mínimo matiz de luz y color.

         El concierto iba llegando a su fin y su ánimo  se había puesto demasiado melancólico. Esto tenía que cambiarlo. Si por árboles y verde era, lo tenía facilísimo, con  ponerse unas playeras, coger las llaves y salir a la calle solucionado. Cruzando unas calles había un parque magnífico con muchos y variados árboles, que por tener, había alguno cuyas raíces salían de las ramas hasta llegar al suelo. ¿Los colores? Toda la gama del arco iris y alguno más que la mano del hombre consiguió. ¿Los pájaros? los que desease, incluso a veces más de los quisiera; las fuentes… ahí sí, no había muchas… bueno, solo una y ¡para qué más! Con la que había era suficiente. ¡Con lo escasa que está el agua! ¿Los bancos? De eso sobraba, cada cuatro pasos había uno. Claro que tenía su por qué, ante tanta contemplación de color uno  podía extasiarse  y debía tener próximo algo en que recostarse.

         Pero para verde, verde…, se dijo: lo que se dice verde…, y una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios. Que acompañada con el brillo picarón de sus ojos color avellana, dejaba entrever sus lascivos pensamientos.

 

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domingo, 20 de marzo de 2016

viernes, 18 de marzo de 2016

EL CAÑÓN DE RÍO LOBOS

       Está situado en la provincia de Soria próximo a San Leonardo de Yagüe es un paraje por descubrir sobre todo a los amantes de la naturaleza; en él se halla la ermita de San Bartolomé de construcción de un románico tardío data del siglo XII fue refugio de los Caballeros Templarios. los misterios esotéricos que la orden se trajo de Tierra Santa algo más que unas cuantas reliquias.

    Una bella muestra es el rosetón de seis corazones entrelazados, que  presenta muchas similitudes con el símbolo judaíco del Sello de Salomón, y que podría estar vinculado con la leyenda del Grial y con la orden de los caballeros Templarios. Sobre San Bartolomé se ha dicho que se encuentra casi a la misma distancia de los cabos de Creus y de Finisterre, que una de sus ventanas está orientada a la constelación de Sagitario la noche de San Juan y que un rayo de luna ilumina esa misma noche una losa con un extraño símbolo en el suelo.

     Este misterio no puede comprenderse sin la cueva que se abre en la misma pared de enfrente, y en la que muy probablemente, se celebraban rituales de carácter pagano desde tiempos prehistóricos.

 Muchas de las ermitas e iglesias medievales fueran levantadas en las proximidades de cuevas y simas, de entradas a un mundo subterráneo que sin duda serían objetos de elevación espiritual, recuerdos lejanos de un culto trasunto de la madre tierra, la mítica Gea, Hera griega o la Astarté fenicia.

   Por el fondo del cañón llega hasta el puente de los Siete Ojos, tras un recorrido de unos 14 kilómetros, atraviesa algunos enclaves de solitaria belleza como la cueva negra.     El mirador de la Galiana, unos tres kilómetros por encima de la entrada principal, desde el que disfrutaremos de una magnífica panorámica. Las choperas resultan especialmente vistosas en otoño, vistas desde aquí, serpenteando de forma continúa entre los roquedos.

    La formación del cañón reside en  la piedra caliza, muy blanda y expuesta a la erosión del agua de rios y torrentes, que han abierto profundas grietas en la tierra, filtrándose por doquier. Como consecuencia de estas filtraciones se han originado multitud de cuevas en el curso del rio Lobos, algunas de ellas de kilómetros de profundidad; si es nuestro deseo iniciarnos en la espeleología, podemos conocer la cueva Palomera, una de las más interesantes.

  
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REFRÁN


Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

jueves, 17 de marzo de 2016

PRIMAVERA EN DICIEMBRE


       La afición por la lectura, la escritura y las tertulias le introdujeron en un mundo mágico que le cambió la perspectiva de las cosas. El encuentro de los lunes era un acto al que no faltaba y  para su sorpresa acudía gente muy diferente aunque siempre había un grupo habitual, era una forma distinta de conocer y disfrutar.

      La comparación de estilos entre la pintura y escritura, diapositivas y poesía se alternaban; los de la pluma estaban en  minoría  al final solían callar pues los pictóricos se enzarzaban en discusiones técnicas que no comprendían.

       Emilio fue a dar una conferencia a la ciudad y de paso les visitó  en el pintoresco café  para saludarles. Les presentaron y su fugaz mirada se cruzó como flechas de fuego. No creía en el romanticismo ni en los flechazos eso debía ser cosas de poesías y novelas.   Ante la invitación de asistir a su conferencia en la sede de la universidad ella no pudo o no quiso negarse, finalizado el acto intercambiaron sus tarjetas de visita.

  Cuando creía que Emilio no la llamaría sonó su móvil, era él, con una conversación fluida y afectuosa  hasta que le pidió quedar y conocerse. Ana se mostraba reticente, las dudas afloraron de nuevo. 
   Ahora ¿Qué hacer? conocerle o no, por otro lado pensaba y ¿por qué no? Emilio aprovechó la oportunidad que le brindaban las Fallas sin dudar la invitó a Valencia,  ella aceptó su ofrecimiento.

     La naturalidad de su comportamiento les facilitó su primer encuentro, parecía que se conocieran desde siempre, se sintieron alegres y disfrutaron.   Pasearon por el antiguo cauce del río alejándose del barullo y griterío del centro de la ciudad. Surgió la complicidad entre ellos, y sin apenas hablar sus miradas lo decían todo.

   Por la tarde le mostró el arte de las mejores fallas, que en unas horas el fuego las devoraría. Al atardecer Ana prefirió tomar el Ave de regreso a Alicante, no quería que nada lo estropease. 

    Esta vez dejaría que todo transcurriera lentamente, esperando la reacción de Emilio continuaron sus animadas charlas al anochecer que cada vez fueron haciéndose más y más íntimas.

       Necesitaba sentirlo cerca el olor de su piel que se trajo con ella desde su encuentro, en su interior quería que Emilio avanzara que diera  un pasito más. Se estaba atando con unas cadenas tan fuertes a él que no sabía como resultaría el final de la batalla.

   Sin saberlo  Emilio se hallaba metido en la misma tesitura  se daba cuenta que la situación había llegado a un punto de no retorno. Pero a medida que las horas pasaban y su cita con Ana se acercaba un miedo cerval se iba apoderando de él.  Fue a la cocina cogió un vaso largo abrió el congelador y  sacó unos hielos los depositó en la cubitera, esa que utilizaba en la cocina para cualquier cosa menos para los cubitos.

   Rebuscó entre las botellas del bar  una a medio terminar de whisky. –Estará bien añejo- pensaba- No recordaba cuando fue la última vez que la abrió. Se jactaba ante sus amigos que nunca bebía por una mujer ahora necesitaba imperiosamente tomar una copa que le calmara. Según pasaban las horas iba bajando el dorado líquido de la botella hasta que la vació.
 Menuda melopea había agarrado no podía llegar a la cama, se iba quitando la ropa dejándola tirada por el camino, sujetándose en los pocos muebles que tenía a duras penas consiguió tirarse sobre el colchón.

   Se despertó con un brutal dolor de cabeza sintió como todo giraba en el dormitorio necesitaba una gran dosis de café y una aspirina, pero antes se daría una buena ducha para despejarse. No le quedaba café ni ganas de hacerlo así  que  comenzó andar calle abajo.

  Cuando quiso darse cuenta estaba haciendo el mismo recorrido que tiempo atrás hiciera acompañado de Ana. Se sentó en un banco y escondiendo su cara entre sus manos sintió unas leves lágrimas asomaban a sus ojos. La quería eso lo tenía que reconocer, pero el pánico que le producía era directamente proporcional al amor que sentía por ella. A sus años no podía tirarse al abismo y sin red.

    Sabía que era el último tren y si no subía lo perdería para siempre él que nunca se había arredrado por nada durante toda su trayectoria vital. Ahora era un miserable cobarde. ¿Y qué sería de Ana? Ella no se merecía el daño que le estaba causando. Él no se sentía lo suficientemente fuerte como para darle una excusa por muy insulsa que esta fuera alejarse ,cambiar el nº telefónico y desaparecer eso era todo lo que pensaba.

    Mientras tanto Ana se desesperaba pensando en el porqué de su ausencia  sin un mensaje, ni una llamada, tanta pasividad e inactividad de Emilio la desquiciaba poco a poco fue comprendiendo que todo había terminado antes de comenzar.

    Sonó el timbre de la puerta la abrió y sus miedos se disiparon al ver como los brazos de Emilio la apretaban junto a su pecho-

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REFRÁN


No se puede repicar y andar en la procesión.

 

martes, 15 de marzo de 2016

domingo, 13 de marzo de 2016

FALSA ILUSIÓN

     Defraudada una vez más, y ¡cuántas iban ya! ahora se encontraba decidida chatear sin ninguna aspiración solo pasar un rato que aliviara un poco la soledad de sus tardes otoñales. Las reanudó con su acostumbrado café humeante en una mano y el ratón en la otra.
    Siguió con su afán de desecartar a las personas cuya edad no se asemejaba a la suya, no quería las complicaciones, ya había cumplido su ciclo vital ahora solo quería un poco de reposo, comprensión y cariño.
    Terminó la lectura de la obra “La lucha por la vida”  aquí ya habían inventado lo de tres en uno… ¡vaya tocho!  De Pío Baroja  pensó que necesitaba otro tipo de distracción,  fue  a prepararse  su acostumbrado café y se sentó frente al ordenador.
   Entre sorbo y sorbo comenzó a chatear de nuevo casi iba a dar por concluida su corta sesión de chateo se dijo: “bueno el último”. ¡Y tanto que iba a ser el último! lo que Adela no esperaba era que la casualidad hiciera que se hallaran en la misma ciudad.
    Su animada charla la coincidencia de aficiones la  insistencia de Darío en pedirle su Skype estaban haciendo mella en ella, pero aún se resistía  le dio el suyo y no dejaba de repetirle  te pierdo, te pierdo. “Estamos cerca  y podemos quedar”.
    Él no dejaba de llamarla con la cam Adela no le contestaba, solo se limitaba a mandarle mensajes. Respiró profundamente contó hasta tres y conectó su cam, ahora al verle se daba cuenta del fallo que había cometido.
   Bastante más joven que ella no había tenido en cuenta la única premisa que siempre se había impuesto al comenzar a chatear, preguntar la edad. Pero en esa ocasión se despistó. No deseaba involucrarse en una situación que no la llevaría a ninguna parte. comenzaron con una charla simplista de unos pocos minutos  yse acabó.
    Había encontrado con quien tener unas charlas muy agradables elucubraba en su imaginación su primer encuentro en un café céntrico y acogedor.
    Adela al fin llegó a la conclusión de que posiblemente ésta sería su última oportunidad de sentirse enamorada y correspondida.  
     Después de trastear un rato por Internet pensó que iba siendo hora de irse a la cama, le esperaba su rato de lectura nocturno  simplemente con eso Adela recobró el ánimo y consiguió sacar las fuerzas suficientes para seguir esperando algún mínimo cambio en la angustiosa situación.
    No pudo resistirse ante la incomunicación prolongada de él y con los ojos humedecidos por el llanto posó sus dedos temblorosos sobre el teclado y  tras  muchas vueltas le preguntaba un simple ¿Cómo estás?.
       Tuvo su respuesta no era la que esperaba, se encontraba mal no paraba de releer una y otra vez todas sus conversaciones,  sobre todo su carta en que la decía: te echo muchísimo de menos pero desgraciadamente todo tenía un final y el suyo había llegado.
    A  pesar de presentirlo sintió su alma hecha jirones y un grito desgarrador salió de su garganta, no probó bocado se tiró sobre la cama y lloró…, lloró hasta desfallecer pero a pesar de tantas lágrimas el sueño no la vencía.
    Con los primeros rayos de luz se levantó se miró en el espejo y casi no se reconocía  los ojos hinchados, las ojeras violáceas  el semblante demacrado, comprendió que a pesar de todo la vida continuaba.
    Se dio una ducha desayunó, cogió su bolso y  su máquina fotográfica se dispuso a recorrer la ciudad y a plasmar la fisonomía de sus gentes. Antes no se la hubiera ocurrido se hubiera limitado a captar los mejores encuadres de la ciudad, pero ahora  su sensibilidad estaba a flor de piel.
    Quería captar a través de su objetivo sus más íntimas sensaciones  pateó literalmente calles, avenidas, plazas y callejuelas, estaba tan cansada que necesitaba reponer fuerzas y en la primera cafetería que encontró pasó a tomar una ración de calamares con una caña de cerveza.
    Deseaba tanto liberarse de esa tortura infinita que para ella significaba su recuerdo.
    Era fin de semana los dos peores días para Adela mentalmente agotada decidió salir a bailar. la música a todo volumen terminó con la cabeza embotada. Por lo menos había salido de casa se distrajo un buen rato después de mucho tiempo.
    Daba vueltas y más vueltas en el lecho hora tras hora sin conciliar el sueño se levantó, cogió el portátil abrió la ventana y lo arrojó al vacío.

 
  ©  Todos los drchos reservados. 
 

CITA




George Elliot Seudónimo de Mary Anne Evans Novelista británica (1819-1880)

REFRÁN


No se hizo la miel para la boca del asno

 

miércoles, 9 de marzo de 2016

TIERMES, LA OTRA NUMANCIA

    Todos conocemos la gesta de Numancia contra Roma, sin embargo existe Tiermes que su asedio fue mayor y masacrada no quedando de ella más que las ruinas, descubiertas por los arados y azadas de los campesinos de Montejo de Tiermes lugar al que pertenece. Numancia, Tiermes y Uxama fueron pobladas por los arévacos que lucharon contra el invasor romano.
   Hay un  yacimiento arqueológico  desde el Neolítico pero es a partir del siglo XV a.C. donde se documentan más de treinta y cinco siglos de asentamientos con la Edad del Bronce (poblado de Carratiermes). En la primera y segunda Edad del Hierro, continúa con los celtíberos, luego los romanos la llamaron municipium de Termes.
    En el año 1.930 Blas Tarecena comienza unas excavaciones en el yacimiento y denomina a Tiermes “la Pompeya española”
    Puertas, ventanas, escaleras, casas, calles, vías…Los restos de la ciudad de Tiermes están parcialmente tallados en roca arenisca.
    La naturaleza agreste de la Sierra Pela mantiene alejada a la ciudad, pero las excavaciones continúan y las visitas al museo son una delicia.
   Tiermes es zona de montaña con precipicios donde las heladas son frecuentes de octubre y abril e incluso mayo, hay que ser prudentes y seguir los caminos existentes.
    El recorrido de la visita  comienza en el Pórtico de la ermita románica de Santa María de Tiermes, y la duración oscila de algo más de una hora para la vista con guía hasta más de dos horas para la visita por libre.
     El recorrido es un paseo sin excesivas dificultades, pero exige subir y bajar pequeñas cuestas. Hay que llevar buen calzado, apto para pasear por el campo y monte. Nunca subirse a las rocas húmedas o con verdín. 
    Según el tiempo que haga el día de la visita y la estación en la que nos encontremos, para visitar Tiermes en verano conviene llevar siempre una botella de agua y una buena gorra, y ropa cómoda y ligera; el resto del año, tener siempre a mano ropa de abrigo.
      Si hace viento puede hacer muchísimo frío, se aconseja llevar una linterna para visitar el acueducto subterráneo. Son unos buenos consejos que debemos adquirir sobre todo si se desconoce la región y no está acostumbrado a la montaña.

 
                                                          Bajada de la red

CITA

    Cuando las cosas no van bien, nada como cerrar los ojos y evocar intensamente una cosa bella.
 André Maurois Novelista y ensayista francés (1885-1967)

REFRÁN


Cuando marzo vuelve el rabo, queda invierno para rato.

lunes, 7 de marzo de 2016

LA CIUDAD FLOTANTE


          Tenía algunos sueños por cumplir con la íntima esperanza de hacerlos realidad algún día. Los años fueron pasando y hete aquí que el azar se alió conmigo en forma de un concurso de televisión. Nunca creí en ellos, hasta que escribí una carta para participar. Me olvidé del tema y al cabo de unas semanas recibí una llamada.

       Desconfié de la persona que me informaba que estaba seleccionada para participar al día siguiente en el concurso. Esa noche la pasé inquieta, no por la dificultad de las preguntas que fueran a hacerme si no más bien porque era la oportunidad de conseguir el sueño que tanto anhelaba: hacer un crucero por el Mediterráneo. 

         Al fin lo logré, estaba eufórica, el crucero era mío. Llamé a Pilar con la intención  de venir conmigo. Se encontraba en Rabat y yo en Alicante, nuestro punto de encuentro sería la estación de tren de Sants en Barcelona.

     En la parada de taxis se desbordó nuestra alegría, de ahí a embarcar solo era cuestión de minutos. Era alucinante... ¡estábamos haciendo un crucero!

         Una vez en cubierta nos sirvieron unos refrescos mientras zarpábamos  y dejamos atrás la ciudad de Barcelona. La noche fue magnífica.

         Por la mañana temprano atracamos en Villefranche sur mer, un pueblecito de apenas cinco kilómetros cuadrados, situado en la falda de una montaña en la Costa azul, muy bonito con las casitas blancas escalonadas entre multitud de árboles.

  A pesar del incipiente francés de Pilar y del mío casi olvidado, conseguimos entender la dirección de la estación de tren, por cierto muy escondida, cuyo caballo de colores nos llevaría a Niza.

   Callejeamos para arriba y para abajo viendo toda la mercancía de los comercios en el exterior, sus nombres escritos en italiano nos llamó mucho la atención lo mismo que su colorido. El casco antiguo, con sus calles estrechas y las fachadas de sus casas en tonos rojos y ocres, denotaba una clara influencia italiana.

         Fuimos al Paseo de los ingleses, donde se hallan los edificios más espectaculares y rimbombantes para el turismo burgués. Admiramos el bellísimo azul del mar que no observamos en otro lugar. Nos montamos en un tren descubierto con un guía que solo hablaba en italiano e inglés, que nos hizo un recorrido  hacia la Niza en sus orígenes cuyo nombre, Niké, se debe a diosa de la victoria y que derivó al nombre actual. Conquistada por los romanos y tras diversos avatares históricos llegó a ser italiana hasta mil ochocientos sesenta y luego la recuperó Francia.

         Subimos a la cumbre de la montaña donde tuvo lugar la fundación de la ciudad, las ruinas musealizadas y un hermoso parque con bancos de piedra daban un aspecto relajado para reposar el espíritu.

    A la mañana siguiente nos esperaba un nuevo desembarco en esta ocasión sería Livorno,  el puerto más cercano de la Toscana, donde admiramos un bello paisaje de montañas verdes y una planicie repleta cultivos agrícolas con unos pueblos cuya historia se pierde en la noche de los tiempos.

         Por fin teníamos ante nuestros ojos la ciudad de Florencia, bajamos por una calle muy estrecha que desembocaba en la explosión de belleza y color que es la catedral de Santa María de Fiore, con los tonos rosa, blanco y verde del mármol.

   Contemplamos el Baptisterio, con sus tan afamadas Puertas del Paraíso, y el campanario con su enorme cúpula diseñada y construida por  Filippo Brunelleschi, gran matemático, arquitecto y escultor del Renacimiento italiano. ¡Que sensación tan extraña al pisar los mismos sitios que en otras épocas recorrieran los genios de las ciencias y las artes! ¡Cuanta hermosura por doquier! Y la máquina fotográfica, acaparando cada rincón sin descanso.

         La Piazza della Signoria es un fantástico museo al aire libre muy admirado, con el Palazzo  Vecchio cuya entrada está flanqueada por el David de Miguel Ángel. La Galería de los Uffizi es un museo que alberga las mejores obras de los genios de su historia. La estatua de Lorenzo de Medici preside la plaza y todo un conjunto que se ha conservado como en el Renacimiento. El Puente Vecchio atraviesa el río Arno, es el único que continúa igual desde aquellos tiempos, los demás fueron destruidos en la segunda guerra mundial.

         La Basílica de la Santa Croce alberga los sepulcros de Galileo, Maquiavelo, Miguel Ángel, Rossini, Vassari, Ghiberti, Alfieri y Ugo Foscoli. Demasiada información y maravillas en tan corto espacio de tiempo. De vuelta al crucero comenzaba la otra diversión, música, teatro, baile, piscina, jacuzzi y una comida deliciosa para disfrutar.

         Al día siguiente nos esperaba Civitavechia, el puerto por el que iríamos a Roma. Atravesamos la región de Lacio hasta llegar a la antiquísima ciudad del imperio. Recorrimos todos los museos del Vaticano, incluida la Capilla Sixtina que acababa de ser restaurada. Con el reloj avanzando más rápido de lo que quisiéramos tuvimos que visitar los grandes monumentos a gran velocidad:  La Fontana de Trevi, donde arrojamos la consabida moneda; los jardines de Villa Borghese, las termas de Caracala, el Quirinal y el monumento a Víctor Manuel que el pueblo llama socarronamente “la máquina de escribir”. Sus encantadoras callejuelas que rezumaban historia y vitalidad me cautivaron de tan modo que se arecentó mi pasión por Roma, siempre Roma, la ciudad para volver una y otro vez...  eternamente volver.

         Después de pasar una noche más en los dulces brazos de Morfeo nos encontrábamos en Nápoles desde donde un autobús nos acercaría a Pompeya. Nos asombró la majestuosidad del Vesuvio; la población se hallaba a sus pies y por ello quedó sepultada junto con Herculano en la erupción del siglo I después de Cristo. Había mucho que ver y absorber  de la cultura romana ya que las cenizas vesuvianas han mantenido todo intacto: las casas con sus mosaicos, la calefacción, los pasos de cebra, los frescos y las termas. Los cuerpos que se hallaron, permitirán un estudio de las enfermedades que había en esos momentos.

         En Nápoles además del italiano se habla una mezcla de español y griego, debido a su fundación de origen griega cuyo nombre era Neo-polis y el dominio de España como reino de las Dos Sicilias. Petrarca y Bocaccio pasaron un tiempo en Nápoles donde éste último escribió el Decamerón. Los palacios, el castillo y las iglesias junto con los demás monumentos nos trasladaron a épocas pretéritas.

         Ya solo nos quedaba visitar Túnez, cosa que haríamos al comenzar el nuevo día. La fiesta nocturna no había hecho más que empezar y todos nos sentíamos eufóricos. Los bares, las tiendas, el casino y las zonas de agua estaban a pleno rendimiento y nuestros rostros destilaban felicidad.

         En las afueras de Túnez se halla el museo de El Bardo, antigua residencia de sultanes y reyes, cuya edificación data del siglo XIII. En él se exponen los mejores mosaicos romanos y también contiene algunas estatuas de dioses y césares romanos.  Paseamos por la medina, eso es un decir ya que la multitud de gente nos llevaba de un lado a otro. El cromatismo, los olores intensos de las especias, la marroquinería y los gritos de los vendedores nos aturdían. Allí se encontraba todo lo que pudieras imaginar o desear, los regateos con los visitantes y el ímpetu con que te muestran sus mercancías te inducen a comprar.

         Luego fuimos a la Avenida Bourguiba, de estilo francés, donde encuentra la catedral de San Vicente y el obelisco, así como los mejores comercios occidentales.

         Un taxi nos llevó de regreso al buque; era la última noche que podíamos divertirnos hasta altas horas de la madrugada. El día siguiente sería de navegación y  hora de aprovechar al máximo todos los servicios del barco.

         La celebración de despedida que ofreció el capitán junto con los camareros fue todo un éxito, culminado por un baile coreografiado en el que participamos todos los comensales.

         Aprovechamos al máximo ese último día en el gimnasio, la piscina, el jacuzzi y un buen masaje. Después de comer, dimos un último recorrido por tiendas y cafeterías, para finalmente volver al camarote a hacer las maletas y dejarlas en la puerta.

         Había sido una experiencia inolvidable. Todavía no habíamos desembarcado y ya lo echaba de menos.

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