martes, 29 de noviembre de 2016

FOTO O PINTURA


ABUELOS CON CARTERA


Ayer por la mañana después de llevar a Daniel al colegio me acerqué a recoger unos botines al zapatero, el cual me queda bastante lejos pero como es de los antiguos prefiero darme el paseíto que hacerlo en el centro comercial.

 En el trayecto paso por delante de una churrería muy coqueta y diminuta, desde la barra ves al churrero como los hace y los saca del aceite para servirlos muy calentitos. Y es que en Madrid somos muy aficionados a los churros y porras, antiguamente los tomábamos con una buena taza de chocolate, pero ahora se mojan en el café con leche. Por eso de que engorda…

 Casi siempre al pasar veo las mismas personas ¿será casualidad? Que entre bocado y bocado conversan amigablemente.

 Al volver del paseo veo que sigue el mismo grupo de abuelos delante del escaparate continuando su charla. Sus voces se alteran hablando de las carteras de valores, y sonrío al escucharles.

 ¡Claro! si están todos los noticiarios de las radios, de las cadenas de televisión, en los periódicos digitales y los de papel. En el parque, en las cafeterías o en cualquier corrillo donde hay más de dos personas en un momento dado se habla de las “pelas” (que arcaico suena) y más con el mar de la corrupción tocando todos los frentes.

 Con esta crisis tan larga muchos abuelos han sido los que se han aflojado la cartera es decir los que siguen ayudando a los hijos. En ocasiones donde el paro ha hecho estragos en su mesa siempre hay un plato más o dos o tres…

 Dejando a un lado el monetarismo cada mañana y cada tarde los vemos empujando carritos de bebés para que tomen el sol o acércalos a los jardines de infancia.

Los más creciditos los llevan de la mano al colegio y con lo que pesan las mochilas algunos las llevan con ruedas (las menos) según van cumpliendo años se creen mayores y se niegan a utilizarlas.

 Al final los abuelos llevamos las carteras de los niños hasta la misma puerta del colegio ya sea con o sin ruedas, eso sí, no entramos pero es lo único que nos falta y no sé yo, si andando el tiempo nos quedaremos dentro también.

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lunes, 28 de noviembre de 2016

UNA MAÑANA CUALQUIERA

         Iba una vez más a cumplir con la tediosa obligación de sacarme sangre para los análisis del trimestre correspondiente, y también, como de costumbre, atravesaba el hospital por la zona rehabilitación para salir a la glorieta próxima al supermercado. Al ser paso obligado para volver a casa, aproveché para abastecerme de las pocas cosas que ese día me harían falta.

         Pero ¡que calor! Y eso que eran las nueve y cuarto de la mañana. La gente que bajaba del autobús resoplaba mirándose unos a otros mientras comentaban – ¡que será cuando llegue agosto! La verdad es que apenas acabábamos de estrenar el mes de mayo y las temperaturas ya alcanzaban unos valores propios de la estación veraniega.

         Enfrascada en el repaso mental de mi despensa me evadí de lo que ocurría a mi alrededor. Me adentré en el establecimiento y comencé a sacar la bolsa que tan de moda se ha puesto con tanto ecologismo, que dicho sea de paso solo beneficia a los supermercados.

         Como casi siempre que vamos a la compra terminamos cargando más de lo que en un principio pensábamos comprar. Y claro, yo cargué más de lo necesario, aunque indudablemente lo necesitaría más adelante.

         Me eché la bolsa al hombro y me dije: para que voy a coger el autobús si son dos paradas. Y sí, dos paradas son, pero con el calor apretando y el esfuerzo de la carga iba con la boca abierta y con la lengua afuera cual perro sofocado. Con los cascos puestos, iba oyendo música latina en el mp4, (hay que ver como avanza esto de la técnica) para animar el trayecto a fin de desviar el pensamiento del sofocante calor, mientras pensaba con alivio: “ya llego, veo el edificio”.

         Al doblar la esquina de la calle vi que sujetaban la puerta del portal y me dije: “qué bien así no paro a sacar las llaves”. Atravesé el umbral,  suspiré y entonces oí unas voces en el último rellano de la escalera, en el  estaban ¡como no! el inquilino del primero, su mujer y un crío que subía.

         Por todo saludo mi vecino me increpó: – ¡anda que no se qué haces por las noches!

         Extrañada le repliqué: –Hago lo que normalmente se suele hacer.

         – Pues toda la noche te oigo andar de un lado para otro – insistió, a lo que contesté – ¡Ah, Ahora caigo! Es la sala de baile que he montado para aprender salsa. ¿Pero, no escucha como sube y baja la gente por la escalera?

         Ante el sarcasmo de mi respuesta se enfadó y con tono airado remató: –que sepas que te oigo, a saber lo que haces, cualquier cosa menos dormir.

         –Claro que lo sé –me defendí –, dormir y levantarme al baño cuando lo necesito, que ya me gustaría a mí entretenerme en hacer otras cosas y otros ruidos mucho más placenteros, que quizás le gustasen menos por recordarle tiempos mejores. Pero desde luego, la próxima vez que me comente algo similar, me pongo una música flamenca y le bailo un zapateado.

                                                                                            
  
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ÁRBOL DORADO


jueves, 24 de noviembre de 2016

LA HORA AZUL


El abismo se cierne sobre ellos, la traición está a punto de desvelarse; las miradas huidizas presagian la tormenta. De repente un trueno ensordecedor rompió el silencio.

Asustada soltó barreño de ropa mojada y giró hacia la puerta del patio, los improperios, vejaciones que escuchaba la estaban llevando al umbral de la locura.

Golpeó la pared hasta no sentir dolor, los gritos continuaban ella enloqueció se volvió hacia él y  con sus manos fue apretando su garganta cada vez más fuerte hasta que un hilo apenas perceptible de voz la trajo a la realidad. Soltó sus manos, muerta de miedo se encerró en el cuarto de baño sus lágrimas corrían desbocadas ¿qué estaba a punto de hacer? Lo hubiera matado.

Llevaban más de 25 años metidos en una espiral de violencia psíquica porque  de la otra lo paró a tiempo, cada vez que le levantaba la mano ella movía la rodilla amenazando su integridad varonil.

Se tumbó sobre la cama mojando la almohada, cuando su hijo entró en casa y al verla una vez más así la dijo: te vienes conmigo.

Asintió porque su miedo se convirtió en terror, ahora tenía que luchar contra dos, la violencia de él y el  pánico de sí misma. Eso era más de lo que podía soportar y ante aquello tenía que reaccionar.

Aprovechando la hora azul cuando a penas hay luz, salió a buscar la claridad fuera de los muros de su prisión. Él salió como de costumbre para volver embriagado a las tantas de la madrugada con voces y golpes.

Pero ésa vez la casa estaría vacía, sus gritos nadie los escucharía, los golpes retumbarían en el silencio de la madrugada. Y ahora ¿qué?... Ya estaba solo.
 

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Este relato tuvo su germen en una conversación. Lástima que la ley no incluya a los hombres.
Me dijo una mujer: sí pero las que mueren son  ellas, lo que no sabemos cuántos de ellos mueren solo
cambia la  forma muchos se ven "empujados" al suicidio . Y eso no se contabiliza.
 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

VOY A TENER UN @


Voy cargada con una maleta grande, una bolsa, el portátil y el bolso cruzado por el pecho con lo bajita que soy si apenas se me ve. No me extraña que la gente me mire asombrada si no me encuentro ni yo ¡cómo para verme ellos!

       Estoy nerviosa para  no despistarme del equipaje y con las ganas locas de ver a los niños que desde el cumpleaños de Daniel no nos hemos reunido.

       El trayecto se hizo corto y al salir de la estación allí estaban ellos, metidos en el coche con su padre para recibirme. ¡Qué alegría! ¡Cuántos besos y abrazos! Era un aperitivo de lo que en casa nos achucharíamos. Llamo por teléfono a los demás para darles novedades que no son tales pues el viaje no las tuvo y eso es lo mejor que puede suceder,

     Mientras intercambiamos los saludos y pregunto por su estado, en especial el de mi nuera, Belén me mira sorprendida y pregunta "¿está enferma la tía?” niego con un movimiento de cabeza continuando con la conversación.

      Después de unos minutos Belén vuelve a preguntar “¿qué le pasa a la tía?” y yo le respondo: "es que la tía está embarazada".

      Sorprendida grita ¡en serio! Y  contenta respondo, "sí en serio". Belén empieza a hacer muchas preguntas, “y ¿es niña?” “¿es niño?” “¿cómo se va a llamar?”…

        Le respondo "aún no se sabe", y entonces Belén dice "entonces como le llamo “prima” o “primo”,  no sé tengo un grave problema, un gran problema" ,no paraba de repetir.

       "¡Ya sé!, gritó le llamare “arroba”, porque arroba sirve para niño y para niña.

       Belén estaba súper emocionada, y cada vez decía levantando la voz, “VOY A TENER UN ARROBA” “VOY A TENER UN ARROBA”

                                                                                   Relato escrito por Belén y Toñi.


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REFRÁN


El miedo guarda la viña.

M.R. BONHEUR


martes, 22 de noviembre de 2016

DE PALMERAS Y BUGANVILLAS

   De palmeras  y buganvillas…De buganvillas y palmeras, lo mire por donde lo mire las veo por todas partes. Ya sabía que en Levante abundaban las palmeras, pero lo que no conocía es que las buganvillas fueran una plaga.

   Hermosas y coloristas cómo ninguna otra o al menos a mí me lo parece su flor parece de papel y da la impresión de fragilidad, nada más lejos de la realidad pues con los vendavales y las lluvias torrenciales que de cuando en cuando azotan estas tierras ellas se mantienen firmes año tras año.

  La palmera de la esquina de mi bloque tan alta, que para ver  sus hojas más pequeñas yo tenía que doblar la cabeza al máximo y tan gruesa por las décadas vividas hoy sólo queda un tronco bajo.

  Un tronco con las cicatrices de una sierra mecánica por culpa de un bichito foráneo que las ataca sin piedad  hasta morir. Me resulta triste ver cada día esa esquina yerma sin que nadie lo repare, y plante una palmerita que con los años luzca alta y frondosa.

  Lo que  llama mi atención de las zonas donde plantan las buganvillas es la escasa combinación  de color, y no es porque no lo haya, que lo hay, todos los del arco iris y alguno más que con las técnicas modernas nos cuesta encuadrar, que si es rosa, que más bien color maquillaje o sea que nos los inventamos.

 Digo esto porque desde que me compré el móvil con cámara (mira que me resistí) y con mi afición a la fotografía comencé a buscar “cositas monas” fue entonces cuando me fijé en la variedad de flores y resultó que por donde paso habitualmente todo eran buganvillas.

    Sííí…lo raro es que todas son del mismo color (moradas) por todo el perímetro de la urbanización sin cambiar la tonalidad porque la flor es bonita y si las combinaran con los demás los colores  llamaría la atención de los viandantes.

    Las palmeras señoriales en su porte y dueñas del paisaje.  En las calles, en los paseos y en los parques, las hojas grandes y verdes nos protejan del sol veraniego y las buganvillas con sus variados colores alegran la ciudad. Ésta que  según dicen  es la tierra de la “eterna primavera”.

 
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EXPLENDOR VEGETAL


martes, 15 de noviembre de 2016

EL LENGUAJE DEL LLANTO

Es un lenguaje natural y exclusivo de la especie humana: en cuanto nacemos, empezamos a llorar. Si un niño no llora al nacer, se plantea un grave problema para su vida, porque nos estaría indicando que el aire no ha entrado en sus pulmones o que su cerebro no percibe las nuevas sensaciones que no podía experimentar en el seno materno.
El llanto casi siempre procede de un deseo insatisfecho y representa una respuesta emocional a una situación de sufrimiento, pero las personas aprendemos a usarlo con múltiples variantes, para aprovechar sus posibilidades de manipulación, interacción social y comunicación afectiva.
 Podemos contener el llanto o forzarlo; modularlo con diferentes intensidades y entonaciones; acompañarlo con otras manifestaciones físicas (lágrimas, aspavientos, golpes de pecho...). Todo ello, en función de nuestra conveniencia personal y de las costumbres sociales.
El llanto transmite vulnerabilidad, sumisión o dolor, por lo que puede inhibir la agresividad de los demás y despertar su compasión y consuelo.   Algunos tipos de llanto:

Llanto de supervivencia del bebé para empezar a respirar.

Llantos infantiles angustiosos por un fuerte dolor.

Llantos histéricos y forzados de niños que quieren llamar la atención de sus padres.

Llantos de frustración del niño a quien se le niega un capricho o del estudiante suspendido.

Llantos de felicidad y emoción del deportista ganador o de los amantes reencontrados.

Llantos de impotencia ante la enfermedad y el sufrimiento.

Llantos angustiados de los padres ante la adversidad de sus hijos.

Llantos fúnebres emocionados por la muerte de un ser querido.

Falsos llantos histéricos de las plañideras.

Bajada de la red

 

domingo, 13 de noviembre de 2016

EL VECINO DE ENFRENTE


Después de tantos años en la misma calle nunca se había parado a pensar en los vecinos de la acera de enfrente, claro que tampoco en los de la suya. Al llegar la primavera solía salir a la terraza a tumbarse en la hamaca para recibir los primeros rayos de sol, con un libro de “papel” entre las manos.

La distancia era tan pequeña que todos los balcones estaban cubiertos por sendos toldos de color verde, con la doble función de proteger  del sol en el verano y de las curiosas miradas durante todo el año.

Un día tras otro se asomaba a la terraza  por el hueco lateral para observar los pájaros y los jardines de la urbanización.

Un domingo miró al frente y notó que algo había cambiado, no sabía el que, pero extrañada sintió que ya no estaba todo igual. Pasaron varias semanas y seguía con esa leve inquietud que le molestaba, cada tarde que salía a leer miraba al edificio de enfrente hasta que de pronto cayó en la cuenta que su compañero de lectura había dejado vacío su lugar en aquella terraza.

La costumbre de verlo sentado cada tarde, incluso los fines de semana hasta oscurecer, siempre con un libro o el periódico entre las manos, y sus pies  colgando entre los barrotes del balcón. Había conseguido mimetizarle con el paisaje.

Esa tarde comenzó a pensar en su nombre, de donde sería? en su trabajo, si viviría solo, que cosas le gustarían, bueno una sí, la lectura. Así continuó un buen rato hasta que la noche extendió su manto y entonces ella echó una última mirada aquel lugar como despidiéndose de su compañero; observando que todo estaba cerrado y oscuro.

Dentro de poco otras personas ocuparían su lugar y la vida continuaría su marcha implacable.

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GILBERT Y BALL


C. ANDERSON


REFRÁN


Ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió.

C. ANDERSON


viernes, 11 de noviembre de 2016

DOS JÓVENES (Juguete literario)


Se besan. Notan algo húmedo. Un grupo de sonrisas adolescentes se enamoran a lo idiota.
Encima de los cuerpos, un canto obsceno de placeres se pone a experimentar de un lado a otro. La aventura inhala su esencia. Y ya no escapa
.


Derraman palabras que atan, siempre acechantes. Están convencidos de que el mundo se engalana a sus pies. Cierran los ojos entre lenguajes que desplazan a la realidad.

Miran igual al cielo que al suelo y no surge ni un solo desacuerdo, se enredan en un nuevo torbellino. Han venido a vivir.

                                                                                     Miguel García Cancio

 
Han venido a vivir y crecer, es la felicidad del momento, la inocencia de navegar en el mar de la pasión y los deseos.

Están presos de ellos  y de los sentimientos que se desbordan a través de cada uno de sus cuerpos. A pesar de conocerse hace solo unas horas, ha surgido entre ellos una conexión tan extraña, intensa e incontrolable, casi imposible de explicar.

Será el destino que los ha unido o hay algo más…

                                                                                                   Ana  Mayo Daza

 
No, solo existía el deseo de experimentar hasta las profundidades del abismo. El sexo para ellos se convirtió en su religión, sin embargo al cabo de unos meses el vacío se instaló en sus vidas.

Pasaron sin transición de la pasión de las primeras veces al cansancio y la rutina. Ello les movía a la búsqueda de otras opciones más arriesgadas y extrañas.

La tarde con un azul tan intenso como el mar les enredó en su embrujo; y en la lejanía percibía una silueta masculina que le atraía como un imán.

A medida que la distancia se acortaba se  dió cuenta, justamente entonces con melancolía y asombro casi rozando el estupor, de que habían pasado muchos años desde la última vez que fui verdaderamente traspasada por la pura violencia del deseo. Y la necesidad ciega de perderme y morir, o estar viva en los brazos de alguien.

Al igual que muere el día para renacer cada amanecer con la luz cegadora del    Mediterráneo.                                                                        

                                                                                                       Toñi Redondo Vicente

 
Se han encontrado, la vida con su apariencia de casualidad, les llevó a cruzar sus miradas. Nació el asombro, el deseo, una llamada antigua que recorrió sus manos, sus corazones inexpertos, lanzados a un abismo en el que descubren quienes son realmente, enfrentados al espejo del otro.

Desde un tiempo en el que aún no habían nacido, desde muy lejos, a través del río de su sangre y de la conciencia atávica que a todos nos traspasa, les llegó la llamada.

El canto ancestral de antiguas voces que hablaban a través de sus palabras, que tomaban forma en sus gestos y sus caricias.

El deseo que compartían, era el mismo deseo que hizo que los seres humanos se prolonguen en el tiempo. Su ilusión es la misma a la que nos aferramos una y otra vez, la que nos mantiene vivos y nos hace crecer.

                                                                                                           Cristina Gil Romero

La soledad de ella se estrellaba contra todas las que de él emanaban. Nada le parecía que pudiera llenar el hambre de él, aunque salieran incluso de los límites sin su consentimiento.

Ella sabía que no le era fiel, que entre encuentro y encuentro había muchos perfumes de mujer alimentando su ego.

Cuánto más daba, más sentía que le devoraba; todas las incursiones al templo de Eros, daban como final un éxtasis en el que se rompía en mil pedazos el espejo del amor.

Fue entonces cuando urdió su plan….

                                                                                 Estrella Alvarado Cortés
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Bajada de la red.

jueves, 10 de noviembre de 2016

TARDE DE SOFOCOS


 El calor veraniego estaba en su apogeo y la piscina era el salvavidas para aliviarlo. Los niños pasaban el día con el bañador entre el agua y la sombra de los árboles, sin embargo las niñas, las adolescentes y algunas mujeres entradas en la madurez se tostaban al sol, digo bien se tostaban por que se embadurnaban en aceites a cual peor.

El día había amanecido más caluroso que de costumbre y Darío no paraba de quejarse de ello  poniendo a prueba la paciencia de su madre.

Con el último bocado se levantó de la mesa, cogió sus bártulos y salió disparado a la piscina.

Mientras el resto de la familia recogía y reposaba saboreando el café con hielo de todas las sobremesas; Darío se entretenía con el juego de rol con sus amigos del colegio.

Eran las cinco de la tarde cuando la hermana y la madre comenzaron el ritual de embadurnarse el cuerpo con el protector solar, cuando de pronto la puerta se abrió entre voces quejumbrosas cerrando de un portazo.

   ¡Me han violado! ¡Me han violado!—decía con voz desgarradora.

   Que sí mamá, que sí lo han hecho—repetía entre lágrimas Darío.

Su madre intentó calmarle pese a lo enervada que estaba, se controlaba a duras penas, mientras lo observaba detenidamente.

Lo condujo hasta el sofá y una vez sentados le pidió que le contara como había sucedido.

El niño no paraba de mostrarle los papeles del juego mientras le decía—¿Lo ves? ¿Lo ves?, ¿ves que han hecho a mi enana? A lo que la madre sosegada respondió—— ¿Qué han hecho a tu enana?—

— ¿Qué que le han hecho? —Pues está claro,¡ que la han violado!—

—Ya, pero la próxima vez di que es del juego, porque vaya susto me acabo de llevar—

—Pero mamá quién me va a violar si estamos todos en la piscina jugando—

Darío se preparó la merienda volvió a recoger sus papeles y en lugar de tomar el ascensor bajaba las escaleras de tres en tres.
 
 
 
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lunes, 7 de noviembre de 2016

EL CLAVEL, LEYENDA Y MITOLOGÍA


Corre por todo el noroeste argentino una hermosa y triste leyenda sobre el clavel del aire, planta que vive pendiendo de los troncos o ramas de viejos algarrobos o entre los peñascos.
Cuenta la leyenda que durante una reunión de amigos, un joven oficial español se enamoró de una india conocida por Shullca, la que en ningún momento correspondió al apasionado amor de aquel. Juró entonces vengarse de la que así despreciaba su cariño, y una tarde en la que la halló sola en la sierra comenzó a perseguirla.
La niña en su desesperación, trepó a la rama más alta de un gran algarrobo que el viento balanceaba amenazando derribarla. El joven le solicitó con buenas palabras que bajara, prometiéndose respetarla si así lo hacía. Como la niña se negara a ello, le amenazó con su puñal. Lo que no pudo la súplica, menos logró la amenaza. Y entre despechado y furioso arrojó el arma que fue a clavarse en el pecho de la pobre niña.
Como un pájaro cayó el cuerpo de Shullca en el vacío y tras él, el del oficial hispano.

 Clavel cuyo nombre científico es “Dianthus” que proviene de dos palabras griegas”dios” refiriéndose a Zeus y “anthos” que significa flor. Por ello son llamados las flores de Dios.

En la tradición cristiana el clavel está asociado a la Virgen, cuentan que sus lágrimas al ver a Jesus en la cruz se convirtieron en claveles al caer al suelo.

También han estado ligados a los espías, porque entre sus pétalos se pueden esconder notas.

Finalmente en un cuento de los hermanos Grimm, un mago transforma a su amada en un clavel para poder llevarla consigo.

Ésta flor de dulce aroma simboliza la inocencia y el amor.


 

domingo, 6 de noviembre de 2016

LA CONFERENCIA


En el salón de conferencias de la universidad hizo su entrada un hombre bajo, moreno, de pelo ondulado y negro, en su rostro destacaba un gran bigote y unos pequeños ojos enmarcados por unas gafas redondas.

Después de su presentación tomó la palabra mientras ajustaba el micrófono a su estatura, con una risita nerviosa que le delató  cosa que dejó al público indiferente.

La sala era demasiado grande o había poca gente, quizás más bien lo segundo.

Su disertación versaba sobre Cervantes y Shakespeare, su analogía y las últimas investigaciones realizadas en la Oxford University donde suponen que Christofer Marlowe es coautor del  celebérrimo escritor.

A medida que la conferencia avanzaba su discurso se fue haciendo más y más farragoso, lento y repetitivo. El murmullo de los asistentes se hacía insoportable, así que poco a poco la gente abandonaba la sala y el conferenciante mudaba su color, bebía agua sin parar hasta que de pronto un fuerte golpe hizo que todos los ojos se volvieran hacia el estrado donde un cuerpo inerte esperaba atención.

Todos se miraban durante unos interminables segundos hasta que de pronto irrumpió en el aula el director del acto, tras agacharse sobre el cuerpo se incorporó y dijo: ¡Está muerto!

Entonces todos se levantaron y despejaron la sala en un abrir y cerrar de ojos, sin mostrar un ápice de respeto hacia la persona que unos momentos antes trataba de inspirar la investigación y el amor por las letras.

 



 
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