viernes, 17 de marzo de 2017

QUEMA


La vida nos va descubriendo en los primeros meses el amor materno, el alimento y la sonrisa, elemento que utilizamos para agradecer las atenciones que nos dedican.

A medida que va pasando el tiempo se convierte en un pequeño fuego donde quema nuestras decepciones infantiles, luego en la adolescencia vuelve ceniza aspiraciones y razones que imponemos a las personas más próximas.

En la juventud el ímpetu, la fuerza y el deseo de alcanzar a veces lo imposible, nos va dejando un poso de resentimiento.

Con la madurez hemos entrado a formar parte en el engranaje de la rueda de los convencionalismos que tanto repudiábamos al observarlos en nuestros mayores, y más de una vez juramos no repetir.

En fin a la hora de repasar nuestra trayectoria nos damos cuenta que aquel pequeño fuego se convirtió en una gran hoguera que devoró las ilusiones, los proyectos laborales, el amor y que al final dejó todo como un erial.

 A pesar del inexorable paso del tiempo no perdamos la curiosidad por las cosas, ello nos mantendrá con la fuerza necesaria para seguir el camino. Para amar nunca es tarde, solo cambia la forma.

 
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1 comentario:

  1. "Sólo cambia la forma" sin duda, amamos de otra manera sin convencionalismos, sin limites e incluso a veces sin presencia. Besos Toñi!!!

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