sábado, 8 de abril de 2017

DECIR LA VERDAD


Nos movemos entre aguas procelosas, haciendo equilibrios  circenses para ocultar nuestras opiniones más íntimas, deseos inconfesables y los miedos más terribles.

La mentira se adueña de nuestras vidas, unas veces por cortesía otras por no involucrarnos y las más por mantener nuestro personaje teatral, marcar distancia como un escudo protector.

¿Dónde ha quedado el valor de la sinceridad? Ha llegado el tiempo “del todo vale” para conseguir objetivos materiales y prevalecer el ego desmesurado.

Cuando escuchamos la verdad dudo que la sepamos reconocer, estamos tan inmersos en los convencionalismos que nos agrupamos con los que creemos que son de nuestra opinión, cerrando de ese modo las puertas a enriquecernos de otras personas que pueden descubrirnos facetas de nosotros que desconocíamos hasta entonces.

Hacernos más “sabios”, prudentes y despertar nuevas formas de evolucionar.

Cada uno con las experiencias acumuladas y poderlas expresar sin tapujos, sin miedo a ser juzgado, somos personas con defectos y virtudes. Andando un camino a veces más largo para unos que para otros, pero todos cumpliendo la misión de enriquecernos y aportar lo mejor de cada uno.

En la hora del adiós sentir que hemos dejado algo bueno de nosotros en cada ser que se cruzó en nuestro camino, porque fuimos “verdad”.

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