sábado, 8 de julio de 2017

ENTRE DOS RÍOS

Estuve varios días en el puerto arreglando el pecio y comprando todas las mercancías más valiosas que pude encontrar. El motivo de tan largo viaje era llevar a mi hija Desa a Mesopotamia. Su madre le había comprado los mejores vestidos y joyas, lo guardó en baúles ricamente decorados. La dejó elegirlos  como  compensación del alejamiento familiar.

Desa también creía que el viaje era motivado por un acuerdo nupcial entre Shamash y yo. Estaba impaciente e inquieta por conocer a Ooenes al joven hijo de Shamash.

Tras el largo viaje lleno de sobresaltos y tormentas  nos alegramos de pisar tierra firme. Nuestros ojos miraban el esplendor de las palmeras y el hermoso color del paisaje.

Descargamos las mercancías para cargarlas en los carros que mi amigo nos tenía preparados.

Desa frunció el gesto desilusionada al comprobar que su joven galán no la esperaba, y así continuó todo el viaje hasta Nínive.

Estuvimos dos días para descansar y conocer la ciudad, todavía quedaba un largo recorrido hasta el final de nuestro destino.

Mis hombres después de saciar su sed y el hambre de frutos frescos, se dedicaron a ir de taberna en taberna en busca de las mujeres más bellas que según ellos solo existían allí.

Mientras nosotros nos dirigíamos a Qatta, ciudad donde residía Shamash con su familia, ellos regresaban a Atenas con nuevas mercancías para el negocio que mi esposa  regentaba en mi ausencia.

Después de varias jornadas llegamos a  nuestro destino allí nos recibieron con una gran fiesta.

A los tres días comenzaron los preparativos de los esponsales, Desa aun estaba convencida que su boda sería con el hijo. Jubilosa se vestía con los trajes de Mesopotamia, deseaba tanto ser su esposa…se enamoró nada más verlo. Apuesto y con una belleza exultante tanto que las jóvenes se lo disputaban.

Bajábamos las escaleras ella gozosa y yo abatido al entregarla a un hombre viejo, para saldar mi deuda adquirida en  una batalla cuando me salvó la vida pese a ser enemigos. Sus palabras resonaron en mis oídos al escuchar que no era un favor y que algún día se cobraría la deuda.

Durante en enlace Desa y Ooenes cruzaban sus miradas, ambos con los ojos a punto de desbordarse.

Cuando regresé a Helas tuve noticias desagradables respecto a Desa y Ooenes.  Su padre los había sorprendido en adulterio  y quiso aplicar la ley de Hamurabi.

El castigo era arrojarlos al río para que murieran ahogados a todo aquel que cometiera adulterio.  En Mesopotamia no sabían nadar. El padre sentía un profundo dolor pues la ley no le permitía salvar solo al hijo si no que  obligaba  salvar a los dos. Así que los ató juntos los llevó hasta el puente y los arrojó al río.

Desa por el contrario nadaba como los peces, pues en Atenas los niños lo aprendían al tiempo que estudiaban.

Ooenes siguió las indicaciones que ella le decía,  así los dos  bucearon hasta lo más profundo alejándose de la zona hasta llegar a un lugar que les permitiera salir y desaparecer.

Embarqué de nuevo para recogerlos en Nínive y descender por la confluencia del Tigris y Josr hasta llegar al Mediterráneo.

Después de varios meses por fin nos reencontramos con mi esposa y el resto de la familia, la fiesta de bienvenida fue espectacular. Con muchos invitados y manjares de todo tipo, el vino regaba las bocas sedientas de mis hombres y los convidados.

Desa y Ooenes desaparecieron de la fiesta.
 
 

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