martes, 31 de enero de 2017

SÍ, AHORA (Juguete literario)


Ha cambiado su vida, ¿Qué dejó atrás?...Tras la llamada encara seria y firmemente el problema.

Un rugido de intranquilidad despierta los gemidos de los recuerdos. Ahora comienza un tiempo de interrogantes en una ciudad que no siente suya.

Piensa con frecuencia que no conseguimos entender lo inédito y provocador de la existencia. Y, con los ojos cerrados muchas de las cosas dejan de tener sentido.

En éste tiempo nuevo de reflexión enérgica, convivirá con el ardor de estómago, y desde ahí…

                                                                                              Miguel Cancio

 Y desde ahí  coger un nuevo rumbo, aferrándose con sus manos al timón de la nave para que sus sueños vuelvan a llenar su espíritu.

Atrás quedaron tiempos de inquietud, malestar y sufrimiento, aunque sabe que los problemas van con ella, por muy lejos que se halle el origen donde se crearon.

Ahora ve la claridad de un futuro lleno de optimismo y momentos felices. Poco a poco la vida le recompensa con pequeños detalles que la colman de satisfacciones.

Quizás regrese a la ciudad que tanto ama…

                                                                                              Toñi Redondo

 Allí puede respirar…Persigue una tranquilidad subjetiva y radical.

Todas las experiencias la incitan a reflexionar sobre qué nos ha de importar de la vida.

Confiémonos múltiples oportunidades. El giro resulta decisivo.

 
                                                                                               Miguel Cancio

 ¡Cómo duele crecer! Llegó el día de partir y como un pájaro herido sabe que al volar se aleja del nido para siempre.

Para sobrevivir me aferré a mis memorias, las cuales me acompañarán y protegerán en épocas de tormentas e infortunios…

¡Cómo duele vivir!
                                                                                                    Ana Daza 

 Me aferré a mi pasado, al calor de lo vivido, de lo que ya no me podía hacer daño. Ese tiempo quedó atrás, en el que yo creí ser feliz.

Un refugio ficticio en el que, si no era capaz de abrirme a una nueva luz  al otro lado de mi miedo, me iba a hundir sin remedio, desaprovechando la oportunidad de volver a intentar sentirme yo mismo, unido a la vida, dispuesto a recobrar la esperanza en los seres humanos. 
                                                                                                      Cristina Gil R.
 
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viernes, 27 de enero de 2017

TÉ, GALLETAS Y AFICIÓN


Era un domingo soporífero y como cada tarde de fiesta nos reunimos a ver una película junto a unas tazas de té y unas galletitas.

Su afición cinéfila la llevaba a ver un montón de veces la misma película, tantas que sabía de memoria los diálogos; y a mí me estaba contagiando  la costumbre de visionar cintas antiguas a veces en versión original.

Antes de conectar el disco extraíble hicimos un poco de zapin por si en la televisión nos sorprendían con alguna “joya”. De pronto me dijo: Laurence de Arabia.

Puse el disco extraíble a funcionar y le pasé el mando mientras preparaba el té en la cocina.

Sentadas y con las humeantes tazas en la mesa comenzamos nuestra peculiar tarde de domingo.

Fascinadas por los planos de las olas de arena del desierto sahariano y las luchas de los tuaregs, blandiendo sus espadas tabouka  se confundían con los gritos de su tribu.

Entre sorbo y sorbo, galleta y galleta, no me dí cuenta que ella mantenía los ojos abiertos sin parpadear e inmóvil; pensé “qué concentrada está”, sin atreverme a molestarla; de vez en cuando la miraba y continuaba estática.

Con los títulos de crédito y la banda sonora parecía que la habían traído al presente.

— ¿Te diste cuenta como me escondí?—

— ¿Cómo?— le pregunté desconcertada.

—Sí, entré en la tienda y me oculté detrás de los baúles cuando un tuareg comenzó a saquear nuestras cosas. Después uno de ellos revolvió el interior, no sé que buscaba pero no lo encontró. Le molestaba mucho la arena ya que comenzó a despojarse de su ropa y sacudirla; entonces vi con asombro que era diferente, su piel de color azul rivalizaba con el color de sus ojos.

Profundos e inquietantes tan bellos como el mar, creo estar hechizada por su luz, necesito verlos de nuevo.

— ¿Y qué pasó luego?—

—Se frotó el cuerpo, se vistió, miró a su alrededor y se marchó. ¡Como me hubiese gustado que me llevase con él!— suspiró.

No salía de mi asombro ante semejantes comentarios, parecía que hubiese vivido otra experiencia dentro de la película, estaba trastocada y yo sin saber qué hacer.

Bebió el té frío, comió una galleta me miró fijamente y me dijo: Me voy al Sahara, tengo que encontrar esos ojos.
 
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