jueves, 3 de diciembre de 2015

LOS POLÍGLOTAS

     Ayer fue un día muy estresante para todos pero el que más tarde acaba es Daniel, los lunes es el peor de toda la semana. Al de salir del colegio fue a la academia de inglés, después a la escuela de música y más tarde un ratito con prácticas de guitarra.

    Menos mal que no tenía deberes y con una ducha calentita se preparó para cenar, pero entre un lugar y otro merendó dos bocadillos. Porque siempre dice " me muero de hambre”.

    Hoy se presenta parecido al de ayer la estresada es la mamá que después de su jornada laboral continua con sus clases de portugués e inglés. Su afición por los idiomas viene desde la adolescencia.

   En el instituto además del inglés estudió francés y el latín obligatorio (lo hablaba) y me pedía aprender alemán. ¡Si ya no le quedaban horas!

  Aún así lo intentó, y yo con mi sorna habitual le decía: Vas a ser una “polidiota muu... reconocida." Ella sonreía.

   “Y es que España se nos dan muy mal los idiomas”, es una frase muy común de oír en las conversaciones habituales y a continuación seguimos como disculpa, porque suena a ello, no como en la Europa del Este que los aprenden con una facilidad impresionante.

      No será más bien que hasta ahora no nos hemos preocupado de aprenderlos porque no vamos a salir fuera, ni a trabajar en el exterior.

      Pero la cuestión empieza a  cambiar ya sea por necesidad o por que nos hemos vuelto más viajeros se aprenden por el placer de entenderse con otras personas, aprender sus costumbres y enriquecerse con la variedad de gustos.

        Ahora su afición se la inculca a sus hijos y yo sigo con las bromas de distorsionar las palabras aunque sean de otro idioma que por supuesto desconozco.