miércoles, 30 de septiembre de 2015

A LAS ORILLAS DEL SAR

            Poema (Extracto)
¿Que cuándo le ha olvidado?
¿Quién lo recuerda en la mudable vida,
Ni puede asegurar si es que la herida
Del viejo amor con otro se ha curado?
¡Transcurrió el tiempo! –inevitable era
Que transcurriese-–,y otro amante vino
A hacerse cauteloso su camino
Por donde el muerto amante ya lo hiciera.
 
        Rosalía de Castro.

DESENLACE FATAL

   Estaba en mi dormitorio que a la vez me servía de despacho cuando el insistente  timbre del teléfono me obligó a levantarme y dejar por un instante, el tedioso informe que debía presentar a la mañana siguiente.
    Descolgué el auricular y al otro lado una voz inquietante con acento brasileño me preguntó — ¿Es usted Alfonso García? —  A lo que respondí afirmativamente.
    Seguidamente me relató una serie de hechos cometidos por mi padre, cuando terminó su perorata  me inquirió —¿Se da por enterado, señor? —  Claro que me daba por informado pero me daba igual, llevaba tantos años sin saber de él….Y ahora que lo se ¡es  para esto !
    Regresé al despacho para terminar el informe. No me podía concentrar con el pensamiento puesto en mi padre. No podía entender que siendo policía hubiera sido capaz de cometer un crimen tan horrendo.
    Moví la cabeza con afán de alejarlo de mi mente. Cuándo escuché la llave en la puerta miré el reloj, por la hora supuse que era mi madre  no sabía como hacerle partícipe de la noticia. Pese al tiempo transcurrido cuando se hablaba de él nunca lo hacía con acidez, no se si por cariño o por respeto hacia nosotros.
    —Alfonso ¿quieres tomar algo?—  
    —Si mamá—
   Me acerqué a la cocina lugar donde solíamos tratar los temas delicados acompañados de unos tentempiés o unos cafés. Nos sentamos y con una mirada me invitaba a iniciar  la conversación.Tenía la habilidad de darnos nuestro tiempo para contar lo que nos preocupara en cada momento y éste era uno de ellos.
    —Mamá han llamado de Brasil—
    —¿Qué pasa en Brasil?—
    —Pues habido un suceso desagradable que nos atañe a los hermanos—
    —Dímelo sin rodeos—
    —Papá a matado a su mujer  y se ha entregado a la policía brasileña—
    —Ah! Era él, lo he escuchado en el trabajo—
    —¿Cómo ha podido hacerlo?—
    —No le juzgues, hay situaciones muy complicadas en una pareja y hasta que no te ves en la situación no sabes de lo que eres capaz. Puedes perder el control llegando a un punto de locura. Tienes que escucharle primero sin perder la objetividad, además tu eres abogado lo que decidas cuenta con mi apoyo—
    —Gracias mamá, lo pensaré pero desde luego de momento no creo que me interese su problema—
   Mamá se encogió de hombros por toda contestación se levantó me dio un beso y desapareció pasillo a delante.

    ©

                                                                         

martes, 29 de septiembre de 2015

REFRÁN

El tiempo todo lo cura, menos vejez y locura

lunes, 28 de septiembre de 2015

REFRÁN

Dinero llama a dinero, pero es lo mucho a lo poco.

domingo, 27 de septiembre de 2015

DESASTRE DEL 63

   Con el terremoto ocurrido en Nepal afloró en mi mente un recuerdo de mi infancia, que no fue  de la misma magnitud pero si recreaba  la miseria y desamparo en que quedó sumida la población de San Andrés.
    Transcurría el año mil novecientos sesenta y tres, era un año aciago y difícil de olvidar en el plano internacional por  suceder el asesinato del Presidente Kennedy, y en la memoria colectiva  de nuestra comarca, el horrendo desastre que sacudió por varias décadas  a la  población de San Andrés.
    En aquella época las gentes del lugar se sentían satisfechas por el logro de sus esfuerzos habían conseguido. Convirtieron un paraje árido, seco, agrietado como bocas sedientas y maldito en un enorme mar dorado. Invirtieron además de trabajo todos sus ahorros e hipotecaron sus pocas posesiones.
    Estaban decididos a borrar los cuentos terroríficos que desde generaciones les transmitieron a todos los niños del lugar. No estaban malditos, se negaban a asumir semejante falacia, más bien al contrario, allí no sucedió nada que no ocurriera en el resto de la comarca con el devenir de la vida.
    Quedaba poco tiempo para recoger el fruto de su esfuerzo cuando un día de madrugada los objetos de las casas comenzaron a moverse como si tuvieran vida propia, el estruendo de estos al caer despertaron a los vecinos que asustados y desconcertados salieron a la calle.
    Los comentarios sobre si era un terremoto no se hicieron esperar, aunque extrañados se preguntaban si estaban en una zona donde la tierra temblaba pues eso nunca se había experimentado por allí.
    Los daños no fueron cuantiosos algunos cachivaches rotos y poco  más, sin embargo su inquietud más bien miedo se acrecentó  ante un hecho neófito para ellos.
    Cuando al mirar al horizonte vieron una enorme nube gris que se esparcía por el cielo y aproximándose al pueblo a gran velocidad. De inmediato supieron que algo terrible había ocurrido, en sus mentes se dibujaba el bonito recuerdo de su mar dorado, y el terror a perderlo todo  les atenazaba.
    A medida que se acercaban  sentían que estaban derrotados, las heridas abiertas en la tierra y el fuego consumiendo la mies estaban devolviendo al lugar su antiguo paisaje.
    Dentro de poco sería el terreno árido, agrietado, maldito e inhóspito que siempre fue, lo que   acrecentó su temible leyenda.

© Todos los drchos reservados.
 

                                                                                           

Poesía


 Amor constante más allá de la muerte...
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán cenizas, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
 
F. de Quevedo

sábado, 26 de septiembre de 2015

Poesía

Amante agradecido a las lisonjas mentirosas de un sueño

¡Ay, Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,
cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como mi adoración en su desvelo.

Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si estoy despierto,
y que si duermo, que jamás despierte.»

Mas desperté del dulce desconcierto;
y vi que estuve vivo con la muerte,
con la vida estaba muerto.

 
    F. de Quevedo

REFRÁN

Para lo que es don Juan, con doña María basta.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Proverbio

El hombre es enemigo de lo que ignora.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Poesía de G. de la Vega

                                          Escrito está en mi alma vuestro gesto,
        y cuanto yo escribir de vos deseo; 
         vos sola lo escribisteis, yo lo leo 
              tan solo, que aun de vos me guardo en esto. 
 
En esto estoy y estaré siempre puesto; 
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, 
de tanto bien lo que no entiendo creo, 
tomando ya la fe por presupuesto. 
 
Yo no nací sino para quereros; 
mi alma os ha cortado a su medida; 
por hábito del alma mismo os quiero. 
 
Cuando tengo confieso yo deberos; 
por vos nací, por vos tengo la vida, 
por vos he de morir, y por vos muero.
 

miércoles, 23 de septiembre de 2015

LAS LLAVES DEL TIEMPO

     Salí a toda prisa no me daba tiempo a llegar a la parada del autobús, mi respiración entrecortada y rápida, hacía que mi velocidad se aminorara y el nerviosismo se fuera apoderando de mí.
    La luz de las farolas iluminaba las calles desiertas, la fina lluvia comenzaba a caer. Corrí con las gotas de sudor resbalando por mi frente sin darme tiempo a pasarme un pañuelo por ella, por fin mi carrera terminó y el autobús no había pasado.
    Una espesa niebla no dejaba ver a diez metros, ninguno de los habituales aparecía, los minutos pasaban y por fin llegó el autobús, moví la mano para que se detuviese pero al intentar caminar algo fantasmagórico me lo impedía.
    El conductor siguió como si nadie hubiese en la parada ¿me habría vuelto invisible? Iba de un lado a otro de la marquesina buscando un resquicio por donde salir  de aquella pesadilla, por más vueltas que daba no hallaba la salida.
    No podía rendirme ¿ pero cómo luchar ante lo desconocido?. De pronto se aproximó un autobús un poco extraño o al menos a mí me lo parecía. No tuve que levantar la mano el conductor se detuvo abriendo la puerta y subí. Busqué la máquina para pasar la tarjeta y no la encontré, entonces miré alrededor;  todo era extraño, las personas iban ataviadas con vestiduras de épocas lejanas, la que desentonaba era yo era una mezcolanza histórica.
   Continuó la marcha y al mirar por la ventanilla no reconocía el paisaje, las casas habían desaparecido en su lugar estaba ocupado por los árboles y la fauna más extraña que podía imaginar.
    Se escuchaba un blandir de espadas la gente asustada, hablaba en un lenguaje que a duras penas comprendía y asombrada me vi como si en un espejo me reflejara, vestida con  lujosos y largos ropajes.
   Unas damas atendían solícitas a cualquiera de mis deseos. Llegamos a un castillo con una guardia que me protegía. Entre fuertes quejidos al tiempo que me encogía de dolor,  las dueñas me llevaron en andas a mis aposentos donde me esperaban un grupo de personas para contemplar el alumbramiento del heredero.
    Lo que me espantó fue que después de nacer la niña me dieron a beber un vaso con hidromiel enmascarando el sabor del veneno con el que abandonaría este mundo.
    De repente el autobús se llenó de hombres vestidos con extraños ropajes negros que custodiaban a unas mujeres con las muñecas atadas las insultaban vejándolas hasta límites insospechados.
    Con gran estupor me reconocí en una de las mujeres en su mirada llevaba toda la impotencia, sufrimiento y rabia que la injusticia podía crear. Bajaban lentamente y los hombres  las conducían a empujones hacia la pira donde supuestamente expiarían sus pecados de brujería.
    De nuevo la niebla y  el autobús giraba sin parar para transformarse en un vehículo extraño lleno de seres famélicos, vestidos con ropajes sucios y harapientos, pertrechados con  armas rústicas. Por los gritos que coreaban daban la impresión de ir a una guerra cuya causa no entendían bien.
    A lo lejos se divisaba una batalla con bandos desiguales  pero con heridos y muertos por doquier.  La sangre regaba el valle. Aparté la mirada ante tanto horror y no era diferente lo que mis ojos vieron: Una mujer con sus hijos trataba de esconderse de sus perseguidores con poca fortuna pues un disparo de arcabuz le alcanzó el corazón.
    Estaba desconcertada a la vez que el miedo llenaba todo mi ser. Un sudor frío hacía que no dejara de temblar. De nuevo era invisible a sus ojos pues de no ser así ya me hubieran agredido. Bajé para auxiliar a los pequeños y con sorpresa me volví a reconocer, pero los niños no me visualizaban.  Y sin saber como estaba de nuevo rodeada por la maldita niebla sentada en el autobús.
    Los saltos en el tiempo eran abismales y cada vez más próximos a nuestra época, lo que no comprendía  era el significado de los continuos actos sangrientos en personas de gran parecido conmigo, o ¿era realmente yo? Ya no resistía ni un momento más la angustia y el miedo tan enorme que estaba experimentando.
   Sentía como a mis pulmones  les faltaba el aire, mis esfuerzos por respirar no surtían efecto. Un sonido estruendoso hizo que diera un salto, abrí los ojos, estaba sudando con la ropa de la cama revuelta  medio tirada por el suelo. Entonces respiré profundamente al darme cuenta que todo había sido una maldita pesadilla... ¿O quizás no?
    Por primera vez me alegré de escuchar el sonido del despertador que cada mañana maldecía, entré en la ducha dejé que el agua corriera por mi cuerpo durante varios minutos, luego me arreglé deprisa y sin desayunar bajé las escaleras sin tiempo poder coger el autobús de todas las mañanas.
    Estaba en la parada, no dejaba de mirar el reloj. No estaba segura de que la niebla no se presentara de nuevo. Un frenazo  me sacó  de mis pensamientos y el conductor me saludó como cada día, le sonreí al devolverle el saludo comprobando que todo estaba en orden. ¿Pero era verdad que todo estaba en orden?



 
©  Todos los derechos reservados.
 





 
                                                                                                

REFLEXIÓN EN VOZ ALTA

    Estaba mirando tras los grandes ventanales protegiéndose del fuerte viento de Levante. Este mes de febrero frío, húmedo y con tantas ventoleras  parecía ser el mes de marzo. No parpadeaba ante el descubrimiento del color verde acerado del mar, le maravillaba sus cambios de tonalidades, era el ingrediente que faltaba para completar el hechizo que ejercía sobre ella.
   A María no le gustaba zambullirse en él, sin embargo no se cansaba de contemplarlo, unas veces con sus bramidos al romper las olas contra las rocas que iba desgastando, otras calmado formando una inmensa pradera de bonitas gamas azules.
    Tenía bastantes años sobre sus hombros, se sentía cansada y sin embargo quería hacer las cosas con inmediatez, como si supiera que su tiempo iba tocando a su fin. No le preocupaba el final de hecho solía hablar de ello como si lo estuviera esperando.  
La vida le tenía preparada una gran sorpresa que la descolocó emocionalmente, conoció a José por un foro de Internet cuyas charlas virtuales la fueron devolviendo la ilusión.
   Tanto tiempo conectados a la red sin darse cuenta cómo las horas se les pasaban volando, tanta similitud de gustos y opiniones sobre la vida les abocó a un enamoramiento tan fuerte que parecían adolescentes.
   Era un amor intenso con la fuerza de un caballo desbocado y la realidad se encargó de detenerlo  bruscamente.
   Las situaciones familiares complejas determinan los sentimientos y coacciona sus actos posteriores, ante eso el amor se domestica convirtiéndose en un cariño permanente.
    Eso les sucedió a ellos, el contacto se fue distanciando pero siempre se dejaban algún mensaje de cariño por que todo en su corazón era verdad.
    La calma regresó a la vida de María con su rutina diaria de lectura, series televisivas y volcándose de nuevo en su afición favorita, la escritura.
   Hacía unos años que había solucionado sus papeles legales, también preparó su momento final, e incluso las decisiones que tendrían que tomar otros.
    Le gustaba pensar que le recordarían en sus mejores momentos que por desgracia no fueron muchos. Por ello en este último tercio procuraba facilitar cada instante a las personas que le rodeaban.
    Su familia ¡Cuánto la amaba! Sus hijos siempre fueron el motor de su existencia y ahora se extendió a cuatro personitas más, que le alegraban cada instante. Solo el amor tan inmenso que se profesaban hacía que lo pasado perdiera intensidad.
    El presente le sorprendía cada día y lo disfrutaba al máximo, aunque los suyos se hallaban lejos  los sentía cercanos.
    Sin embargo le quedaba en un rinconcito del corazón la añoranza de regresar al lugar que un día sus ojos vieron la luz.
 
                                                                                   
© Todos los derechos reservados.

      
 
                                                                                      

A TRAVÉS DE TÍ

            Era finales de mayo cuando Carmen cumplió ocho años. Toda su ilusión era aprender a bailar, desde muy niña cada vez que escuchaba música su cuerpecito se cimbreaba como un junco. ¡Era tan alegre, tan juguetona! Siempre se agarraba a mi falda para cantar las clásicas canciones infantiles y ya en la cama escuchaba ensimismada los relatos que inventaba donde ella era la protagonista.
            El primer cuento que le compré se llamaba “El árbol y la golondrina”, era el que siempre le leía cada noche. Se lo aprendió de memoria para después hacer  que sabía leer, pasaba las hojas recitando lo que había memorizado mirándome como pidiendo mi aprobación.
   Cuando la llevaba al jardín de infancia íbamos con las manos agarradas balanceándolas  todo el trayecto al compás de las canciones. Su alegre risa me transmitía entusiasmo y fuerza para continuar el trabajo diario.
            Enseguida aprendió a leer, y pronto quiso hacerlo sola al irse a la cama; su entusiasmo por aprender se hacía cada día más evidente. No le costaba levantarse por las mañanas para ir al colegio, al mismo  tiempo comenzaba a despertarse en ella su gusto por “conjuntar”, como solía decir, su ropa para salir.
            A medida que cumplía años la música y el baile parecía correrle por las venas, por eso en su octavo cumpleaños pidió que la llevásemos a una academia de baile.
            Inconscientemente veía cumplirse poco a poco mis sueños de adolescente a través de ella. Recordaba mis ensayos delante del espejo cada vez que Carmen lo hacía y si se notaba sorprendida por mí siempre había una sonrisa en mi rostro.
            Ese verano lo pasamos toda la familia en casa de los abuelos; allí le compraron la bicicleta con la que aprendió a montar. Disfrutaba de la libertad de moverse por las calles sin tráfico y de los juegos con las amiguitas, que solo se encontraban en vacaciones. Era un tiempo de felicidad para todas ellas y hora de crear unos bonitos recuerdos para su madurez.
            Según finalizaba el estío se acercaba el momento de volver al colegio. Carmen lo deseaba fervientemente. Lo que más le gustaba era el olor de los libros recién sacados de la imprenta, los cuadernos y guardar toda clase de lápices en su nuevo estuche. Su única ilusión era estrenarlos, pero antes me ayudaba a forrarlos, luego los guardaba uno a uno en la cartera. Pero este Septiembre venía con algo especial, tenía que adquirir las prendas de ballet y las castañuelas para las clases de danza española, así que nos fuimos hasta el centro de Madrid donde se hallaba uno de los comercios más afamados en vestuario dedicado al baile.
            Al día siguiente comenzamos a acudir a la academia de Mª Alba, cuyo estudio estaba al lado de donde vivía la tía Asun (por cierto, las castañuelas fueron regalo suyo). El sacrificio de tener que compaginar los estudios y los ensayos de las clases se hacía duro para ella, pero nunca salió una queja de sus labios. A final de curso sus estupendas calificaciones y la función en el teatro del instituto colmaron de satisfacción a toda la familia, aunque su timidez era aún un obstáculo a vencer.
            Se concentraba de tal manera en la danza que conseguía poner el alma en el escenario. Al finalizar vio como todo el público aplaudía puesto en pie. Tan fuerte y prolongados fueron los aplausos que tuvo que repetir el solo del “El baile de Luis Alonso”. Una experiencia maravillosa que todos guardamos con cariño en nuestra memoria.
            Pasaron varios años. Con su esfuerzo y tesón Carmen siguió sacando adelante los estudios del colegio y presentándose a los exámenes libres del conservatorio, pero cuando llegó el momento de acceder al instituto se planteó el dilema de dedicarse a estudiar el bachillerato o entregar su vida al baile, dura decisión para su corta edad. Sin embargo entre las dos pusimos en un folio los pros y los contras de ambas ramas. Intentaría sacar el curso de bachillerato y el baile, así habría más tiempo para decidir.
            Cada vez se le hacía más costoso compaginar las dos cosas dado que el nivel de exigencia era mayor en ambas. La solución llegó inesperadamente por la disolución de la academia de baile, pues la profesora se fue de la ciudad. La lejanía de otras academias impedía el traslado diario para acudir a las clases y Carmen quería estudiar una carrera. Ahora su ímpetu se centraba en sus estudios y en la lectura, que había dejado de lado por falta de tiempo.
            Consiguió finalizar su carrera universitaria con calificaciones magníficas, su dedicación al aprendizaje de otras lenguas le siguen ocupando parte de su tiempo, pero desde luego sigue “conjuntando” su vestuario y los zapatos (¡Ay! los zapatos son su talón de Aquiles), y tanto la música como el baile han seguido siendo, junto con los libros, sus compañeros de ocio a lo largo del tiempo, en una larga y fructífera aventura que aún no ha llegado a su fin.


      © Todos los drchos reservados.
                                                                                                            

    

martes, 22 de septiembre de 2015

A una adúltera (poesía)

           A una adúltera
 
Sólo en ti, Lesbia, vemos que ha perdido
el adulterio la vergüenza al cielo,
pues que tan claramente y tan sin velo
has los hidalgos huesos ofendido.

Por Dios, por ti, por mí, por tu marido,
que no sepa tu infamia todo el suelo:
cierra la puerta, vive con recelo,
que el pecado nació para escondido.

No digo yo que dejes tus amigos,
mas digo que no es bien que sean notados
de los pocos que son tus enemigos.

Mira que tus vecinos afrentados,
dicen que te deleitan los testigos
de tus pecados más que tus pecados.

 
                                            F, de Quevedo.

CON ESPINAS

              El otoño llegó casi de improviso con su aire fresco y calor tenue. Ana comenzó las reuniones con sus amigas  alrededor de unas tazas de café  en la cafetería próxima a sus habituales clases de Literatura. Sus pequeñas tertulias literarias se entremezclaban con los problemas habituales de sus vidas cotidianas.
            Una tarde lluviosa irrumpió  en la cafetería un hombre con el mono y el casco de motero todo de color negro al igual que su BMW. Cuando se descubrió la cabeza un montón de pelo gris humedecido rodeó su cara. Sacó un pañuelo para secar el rostro y entonces aparecieron unos hermosos ojos entremezclados de verde y marrón, enmarcados por unas largas pestañas que cruzaron su mirada con los melosos de Ana.
            A lo largo de las semanas comenzaron a coincidir en la cafetería donde sólo hablaban sus miradas, hasta que una tarde él las invitó. Mientras se presentaba aprovechó para deslizar con delicadeza una nota en el abrigo de Ana. Pasaron unos días hasta que  ésta metió la mano en el bolsillo y halló un papel doblado a la mitad, lo sacó y al mirarlo el color de su cara cambió. La nota, escueta, decía: “Soy Alex, éste es mi número de teléfono. Llámame”.
            Ana, desconcertada no sabía qué hacer ni qué pensar. Su cabeza no paraba de visualizar  la imagen de Alex con esos ojazos y el hoyuelo de la barbilla, mientras entre sus dedos sostenía su mensaje que releía una y otra vez. ¡Con la vida tranquila y sosegada que llevaba tenía que aparecer él ! Al fin, arrugó el papel y lo tiró a la papelera.
            En la tertulia semanal con María y Paula les comentó muy por encima lo que sucedía y les pidió cambiar de lugar de reunión, a lo cual asintieron sin más preguntas. A los pocos días, según atravesaba la avenida, sintió un brusco frenazo que la sobresaltó. Era Alex le entregó un papel doblado con su número móvil y su Skype.
            Ante tanta perseverancia Ana terminó por ceder  añadiéndole a sus contactos. Sus conversaciones agradables e irónicas de cada tarde les fueron aproximando hacia un terreno muy, muy resbaladizo. Todas las barreras con que ella se protegía de pronto saltaron por los aires.
  Alex  le propuso una cita en un café recoleto, tranquilo en el centro de la ciudad, allí tendrían la intimidad suficiente para una larga  conversación.
            Cuando sus manos se rozaron a la entrada del café un escalofrío recorrió el menudo cuerpo de Ana. Entonces supo que estaba perdidamente enamorada de él. Una vez acomodados en un rincón del café, él la abrazó, la besó con pasión y ella le correspondió con el mismo calor. Alex comenzó a contarle su situación personal.
  Se encontraba separado oficialmente, pero después de un año habían vuelto pero sin modificaciones legales,  vivían en habitaciones separadas. Entre ellos no había otra cosa que intereses creados.
            La cara de Ana reflejó la tristeza que la embargaba se esperaba cualquier cosa menos esa. No comprendía porqué en su situación comprometía a otra persona en su vorágine.  Y ahora para ella era tarde. Alex intentaba justificarse a la vez que le decía, mientras la acariciaba, que estaba enamorado de ella. Sólo tenían dos caminos, dejarlo en ese momento o intentar dar pequeños pasos con su incipiente amor.
   Sin embargo, de la constante comunicación Alex pasó a un distanciamiento lento, quizás debido a su agobiante trabajo o la inquietud de sentirse descubierto. Las comunicaciones estaban abiertas pero ninguno de los dos las utilizaba.
            De pronto, una noche casi a las doce sonó el teléfono  de Ana.  Sorprendida y medio dormida descolgó y al escuchar su voz se incorporó en la cama. La calidez y ternura con que le hablaba le hacia ser un juguete en sus manos.
  Los malos ratos de los pasados días se difuminaban como un mal sueño. Le decía que su mujer notaba su felicidad y maldecía el sexto sentido femenino. La relación llevaba todas las papeletas de convertirse en una montaña rusa de sentimientos. Guiada  por su intuición lo eliminó de sus contactos. Era un amor sin futuro, una rosa llena de espinas; apenas había disfrutado de su perfume cuando ya sentía el dolor punzante de sus afiladas agujas en el corazón.

© Todos los drchos reservados.
          

REFRÁN

El que por comer no se mata, por lo demás tara rata.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Según Lope

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste,
humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño:
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
Lope de Vega

Definición del amor

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

                                           F. de Quevedo.

Cita


 Sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos .
 (Voltaire 1694-1778)
 

Fuente de los Luceros



Decorando su agenda escolar (Belén)


Cita

El que aprende  y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara y no siembra.
                                                                   (Platón)

domingo, 20 de septiembre de 2015

EL TAÑER DE LAS CAMPANAS

            Era domingo  y por ello había un desayuno especial un chocolate con churros estaba esperando en la mesa, listo para ser devorado por Daniel que todas las mañanas se levantaba con un hambre feroz.
            Su madre le había preparado la ropa de fiesta para ir a misa tenía y le pedía que se diera  prisa pues los amigos pronto vendrían a buscarle para ir tocar las campanas.
            La  iglesia del pueblo era románica con una espadaña donde estaban las campanas tan antiguas como ella. Conservaba  un reloj cuyos sonidos se oían por todo el lugar con escuchar sus campanadas desde cualquier  campo ya sabían con precisión la hora en que se hallaban.
            Delante de la parroquia había una gran explanada donde  era el comienzo y final de las procesiones,  a su izquierda, un olmo tan centenario como ella, lugar que con el paso del tiempo se fue consolidando como punto de reunión para los jóvenes. Al salir de misa los niños solían jugar al escondite y su lugar favorito era ponerse detrás del gran árbol dando vueltas hasta que se encontraban. También se agarraban jugando al corro a su alrededor, estiraban sus brazos al máximo porque la circunferencia del viejo olmo era demasiado grande para abarcarla. A pesar de los siglos seguía erguido, fuerte, robusto y con sus hermosas hojas verdes. Permanecía inalterable viendo pasar generaciones  de familias hasta que comenzó la decadencia de la villa.
            Al llegar la festividad del patrón, los vecinos se engalanaban para la celebrar la fiesta. Daniel iba de punta en blanco y corría para alcanzar a los demás niños. Tenían que tañer las campanas y solo les quedaban unos segundos para comenzar el primer toque. Entraron en tropel en el recinto sagrado y subieron por las destartaladas escaleras que crujían a cada paso hasta llegar al coro desde donde se utilizaban los cordeles. los agarraron tiraron hasta que repiquetearon con un alegre toque de fiesta. Enseguida cogieron tanta velocidad  que volteaban solas y cuando su vuelo disminuía tenían que volver a tirar  para que siguieran tañendo.
            Sin embargo en esta ocasión,  Daniel no esperó el tiempo suficiente para que la campana perdiera velocidad y se agarró a la cuerda la fuerza del vuelo lo elevó como si fuera de papel. El peligro se cernía sobre él si nadie lo paraba acabaría dando una vuelta con la campana. Instintivamente de su garganta salieron los gritos más espeluznantes que nunca se oyeron salir de la boca de un niño. Ellos alertaron al alcalde de la localidad que, dando un enorme salto, logró sujetarle por los pies tirando de él hacia abajo logrando así salvarle la vida.
            Bajaron del coro para asistir a la misa; poco a poco Daniel se fue tranquilizando, sentado en un banco junto al munícipe. No se atrevía a mover ni un músculo porque el miedo le atenazaba aún. Sus ojos miraban sin ver los frescos de las paredes laterales donde todavía se apreciaban sus líneas, su desgastado cromatismo y los huecos blancos que dejaba el paso de los siglos y que nunca nadie se preocupó de restaurar. Un enorme cuadro de San Andrés colgaba de lado izquierdo, regalo de un pintor local.
            Estaba tan absorto que tuvieron que decirle que la misa terminó y acompañarle a la salida. Era la hora de regresar a casa y contar lo sucedido. Se encontraba temeroso por la reacción de su madre pues no le daba más que sustos y preocupaciones y siempre la tenía pendiente de él.
            Al verlo tan preocupado el alcalde se lo llevó hacia el olmo, se sentaron bajo sus ramas y charlaron largo rato, hasta que el semblante del niño se relajó un poco y se encaminaron hacia la casa del pequeño.
   Cuando llegaron al umbral su “ángel de la guarda” habló por él, quitando dramatismo a lo sucedido sin embargo la mirada de la madre no le presagiaba nada bueno.....

     ©  Todos los drchos reservados.
           
                                                                                                                                

sábado, 19 de septiembre de 2015

Cita


Las palabras están llenas de falsedad o de arte, la mirada es el lenguaje del corazón.
         (William Shakespeare (1564-1616)

viernes, 18 de septiembre de 2015

REFRÁN

La palabra y la piedra suelta, no tienen vuelta.

jueves, 17 de septiembre de 2015

ENCRUCIJADA

    Caminaba paseando por la gran avenida comercial mirando los escaparates sin verlos, necesitaba sentir la fuerza de la brisa rozando su cara como si de ese modo pudiera despejar su mente. Llegó hasta el puerto dejándose caer sobre un banco de piedra frente al horizonte marino, ensimismada en la tontería que acababa de cometer. ¡Una cita a ciegas!...  solo a ella se le podía ocurrir semejante idea. Un escalofrío recorrió su cuerpo, el otoño comenzaba a notarse por la tierra levantina, pero eso era mejor que lo que ocupaba su cabeza y lo que su corazón sentía. Era tan irrefrenable su deseo que se estaba volviendo loca a fuerza de reprimirlo. Se incorporó perezosamente para iniciar el regreso.
Rozaba los setenta, creía que los años se le esfumaban como el humo pero cuando se hallaba a su lado parecía que le devolvían parte de juventud, la fuerza y una necesidad imperiosa de poseerlo. Cada vez que sus labios rozaban sus mejillas se le erizaban todos los vellos de la piel; le provocaba para ir solos en el coche y con cualquier disculpa le acariciaba. Esos momentos los guardaba a fuego en su memoria para en la noche disfrutar de ellos.
Después pensaba en su hija aunque no sentía culpa ninguna. No la traicionaba si ellos no hacían vida marital, el camino estaba expedito para gozarle. A ellos les decía que su obligación era estar juntos por la estabilidad de los hijos, pero lo que ocultaba en lo más íntimo de su ser es que era la única manera de no perderlo.
El día que su mujer no comía en casa, Alejandro comía con ella, Mila deseaba que todos los días fueran  viernes para poder comer solos sin levantar sospechas. En esas ocasiones se acicalaba más que de costumbre, con una ropa interior sensual y el perfume que tanto atraía a su yerno, y una blusa  que desbrochaba con picardía dejando al descubierto parte de sus pechos. Al servirle se inclinaba deliberadamente para que él los mirara y ¡claro que los miraba! Se aproximaba tanto que casi los acariciaba con el rostro.
Finalizado el almuerzo le invitaba a echarse un rato en su cama para que viera un mini camisón de satén y encaje de chantillí negro que previamente dejara para él. Su olor  impregnado en las sábanas la ponían excitadísima y esa noche lo gozaba al máximo.
   En las últimas vacaciones repitió con ellos cuando estaban en la playa sus ojos fulgurantes lo traspasaban, en el agua lo tocaba y lo abrazaba, las olas eran sus aliadas. El matrimonio seguía distante, compartiendo un lecho gélido a pesar de la temperatura estacional. Y Helena seguía ignorante a lo que se fraguaba a su alrededor, ni en sus peores pesadillas lo hubiese imaginado.
Mila, al cerciorase que ellos continuaban, igual comenzó a maquinar un plan para poseerlo mientras su cuerpo lo permitiera, lo haría sin que Alejandro se enterara;  para cuando se diera cuenta sería tarde y lo tendría en sus redes. Esperaría a que sus nietos comenzaran el colegio para llevar acabo su intriga. Mientras tanto su mente trazaba el plan maquiavélico para hacerle suyo, gracias a su profesión tenía a su alcance toda variedad de psicotrópicos.
Llegó Septiembre y también el primer viernes en el cual Mila serviría la comida a Alejandro, todo como de costumbre pero esta vez aderezada con un polvito imperceptible. Como todavía hacía calor se acostó en la cama demasiado relajado como para mantenerse en pie. En el umbral de la puerta del dormitorio, igual que una gracia de Rubens, apareció Mila que se metió en la cama junto a él, acariciándole cada rincón de su largo cuerpo, recostándose sobre él hasta que logró que los labios de su yerno besaran sus pechos.  Cuando Alejandro notó un fogonazo en los ojos, supo que había sido el flas del móvil que ella había disparado. Por el pasillo se escuchó una voz que la llamaba.

© Todos los drchos reservados.