domingo, 30 de abril de 2017

HABLAR Y TENER RAZÓN


Estamos cada vez más solos, mayores o de mediana edad, jóvenes y los no tanto. Hablamos, más bien parloteamos sin cesar sin escucharnos los unos a los otros, soltamos lo que nos oprime venga  a cuento o no.

A veces exponemos nuestra opinión como si fuera dogma de fe, que por mucho que intenten rebatirnos no nos apeamos de ella, aunque sepamos que podemos estar equivocados.

En el caso que haya alguien con suficiente influencia para hacernos recapacitar, entonces, solo entonces cambiamos nuestra postura pero no por convencimiento no, sino por aparentar que sabemos reconocer a ese alguien con suficiencia y lo aprovechamos como escapatoria.

Nuestra opinión ha quedado salvaguardada lo mismo que nuestro ego, la cuestión es: ¿hemos aprendido algo? Creo que solo nos escuchamos a nosotros mismos y a los que opinan igual.

Con ello nos encaminamos al pensamiento único y ahora que coincide con el centenario de la revolución rusa, quizás deberíamos haber avanzado algo…Solo por no repetir errores.

Me pregunto ¿Cuándo evolucionaremos, si solo tenemos en cuenta reflexiones como las nuestras? Qué no es lo mismo hablar qué tener razón.

Siempre había escuchado que en el intercambio de conocimientos uno se vuelve más sabio. Nadie sabe todo de todo y si todos opinamos igual  ¿de qué nos sirve? Para eso nos miramos al espejo y ¡hala a parlotear! ¡Qué aburrimiento!

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ANOCHECER



VENENO OCULTO

Cada día a las cinco y media de la mañana se levantaba, y daba comienzo el ritual, iba a la ducha, escogía la ropa, se maquillaba ¡Cual pintor en su mejor obra! Y los zapatos con taconazos eran su debilidad ellos ponían el contrapunto a su indumentaria.
Un último vistazo en el espejo y estaba lista para comenzar una jornada más llena de ajetreo.
Para no gustarle conducir lo hacía bastante y eso que  en treinta minutos se plantaba en la puerta de la oficina. Cuando llegaban los demás se había tomado el primer café, contestado los emailes y distribuido el trabajo.
Después a lo largo de la mañana revisaba las facturas problemáticas hasta solucionarlas. “Todo bajo control” se decía a menudo.
La flexibilidad de horario le permitía a duras penas compaginar trabajo y hogar, siempre con prisas, acelerada para llegar a todo.  Recoger a los niños al colegio  llevarles a las actividades extraescolares, un no parar…
Caía en la cama tan rendida que le costaba conciliar el sueño, cuando por fin Morfeo la acogía en sus brazos solo dormía cinco horas y vuelta a empezar.
Así jornada tras jornada, hasta que una mañana se levantó con la mitad del rostro inflamado casi desfigurado y el ojo encharcado en sangre. Ese día lo pasó en el hospital con pruebas y en observación.
Estuvo a punto de sufrir un ictus la rapidez con que acudió la salvó, ahora tenía que dosificar su esfuerzo o la próxima vez…
La palabra que repetía su cerebro era “delegar” aprende a delegar. Su impulso de controlar cada momento para que todo el trabajo estuviera perfecto, le resultaba muy difícil de dominar.
Al poco tiempo su ritmo de trabajo era el de antes, horas y más horas que acumulaba para tener los viernes libres para asuntos personales, días de los que apenas disfrutaba.
Antes de las vacaciones un fuerte dolor en el brazo izquierdo la llevó de nuevo al hospital. Ésta vez fue un amago de infarto  y otra hospitalización.
Mientras  el trabajo iba saliendo sin su control, entonces comprendió que nadie es imprescindible.
Un duro aprendizaje a un precio tan alto que casi le cuesta la vida. Al reincorporarse iba a reestructurar al equipo, no estaba dispuesta a seguir con el estrés que la impedía disfrutar de sus aficiones, de la familia e incluso del trabajo, sí, un trabajo que la gustaba y se había convertido en un latente y oscuro veneno.

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miércoles, 26 de abril de 2017

LA GENTE...¡QUÉ GENTE!

En nuestra sociedad actual nos comportamos como nuestros padres y si me apuráis como nuestros abuelos. Hace falta cumplir años, bastantes, para que muchas cosas resbalen o directamente no las hagamos caso, haciendo oídos sordos a tanta falacia y superchería.

Aquello repetido una y mil veces eso “del que dirán”, cuando en todos los ámbitos sociales se practica con fruición desmedida el “cotilleo” no importa la preparación intelectual, en cuanto hablas un par de veces intentan sonsacarte tu privacidad.

Eso en lo mejor de los casos, porque no es el primer caso ni será el último que te inquieran a bocajarro, eso sí descoloca un poco, tampoco demasiado a decir verdad que la experiencia ayuda bastante.

Cuando y porqué la gente, bastante gente se interesa demasiado en la vida de los otros, será que la suya debe ser bastante aburrida o con muchas cosas que esconder.

Deben de pensar si me informo de otras personas, seguro que están peor que yo. Así tener tema de conversación entre sus allegados  importantes del cotilleo.

Socializamos con ellos con meros formalismos de educación, hablar del tiempo o de la moda que viene en la nueva temporada.

Ante tanta decepción nos cansamos de tener siempre la guardia subida para nuestra defensa y necesitamos llevar la vida un poco relajada para disfrutar de las cosas sencillas.

Sin embargo seleccionamos mucho a  las personas que verdaderamente nos aportan opiniones que nos ayuden a crecer, madurar y disfrutar de momentos agradables a lo largo del tiempo.

Y quizás con el trato continúo lleguen a convertirse en amistades duraderas que tanto escasean.

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