domingo, 9 de diciembre de 2018

EN EL CORAZÓN DEL SUEÑO


 Oscurece en la pradera y en el bosque comienza la música como si de los tam tam se tratase. Miles de ojos se desperezan a su ritmo, linternas minúsculas que alumbran la noche.

Sin embargo otros duermen tras un día agotador, orugas que luchan por salir de su prisión antes de tiempo, con movimientos convulsos intentan hacer un agujero para  salir por el  hacia la libertad. No saben que en cuanto lo consigan su frágil belleza se apagará en unas horas.

Un precio muy alto para aletear sobre las flores, chupar su nectar, notar el calor del sol sobre sus frágiles cuerpecillos y continuar su ciclo vital hasta fenecer, y otra nueva generación con los mismos movimientos quedarán agotados por conseguir esa efímera libertad.

La noche sigue avanzando inexorable hasta morir, mientras las diminutas linternas se adormecen como si una red les aprisionara sus prqueñas cabezas.


Sueñan con un nuevo anochecer donde dar rienda suelta a sus instintos y volar a través de los árboles en busca de alimento para sobrevivir, o una grácil compañera que le agrade sus requiebros para compartir su nido.

Son diferentes pero luchadores de libertad unos y los otros se sienten libres por que cruzan el viento a placer, todo ello sin saber que son ciclos programados por unas leyes invisibles que se han de cumplir inexorablemente.
Ante sus ojos de repente se despertó tumbada en la arena junto al mar.



miércoles, 10 de octubre de 2018

EL ESCRITORIO DE ÉBANO

Era domingo por la mañana, nos apetecía mucho dar una vuelta por el rastro, hacía varios años que perdimos la costumbre de los domingos darnos un paseo y terminar comiendo en alguna antigua taberna del barrio de La Latina.

Dejamos el coche en la Plaza de Castilla y bajamos al metro, por no hacer trasbordo nos apeamos en Atocha y desde ahí comenzamos un recorrido más bien turístico, pero antes degustamos un buen chocolate con churros, que hacía tanto tiempo que no lo saboreábamos, tanto como el que tardamos en visitar el rastro.

Atravesamos el barrio de Lavapiés hasta llegar a la Ribera de Curtidores. A partir de ese instante el gentío abarrotaba la calle central y adyacentes. Agarré bien el bolso que llevaba cruzado y Rodrigo palpó su cartera, nos miramos y sonreímos.

Nuestros ojos miraban sin buscar nada en especial, el ruido de cacharros, el soniquete de los vendedores y el griterío de la muchedumbre nos ensordecía. Ahora recordaba porqué dejamos de visitarlo.

Cogimos de nuevo el metro hasta Sol y desde allí nos dirigimos hacia el Mercado de San Miguel, a comer a base de excelentes tapas, lo añoraba cuando era verdaderamente un mercado tradicional pero los tiempos de las grandes superficies acabaron con él.

Su forja de hierro y las grandes cristaleras era lo que permanecía inalterable desde su creación.

Nuestra conversación giraba en lo poco que habíamos visto de mobiliario antiguo, pues alguno mueble de los que nos llamaron la atención estaba demasiado deteriorado para nuestras expectativas.

Al pasar por la calle Mayor de vuelta a casa, en una callejuela había un diminuto escaparate  que mostraba un escritorio de ébano impoluto, no tenía  un aspecto de otro siglo. Sin embargo era muy elegante y él me dijo: ni pases a preguntar precio, estará por las nubes y no lo podremos pagar.

Saqué el móvil e hice una foto así por lo menos me alegraría la vista, o porqué no quizás en otro momento pudiera comprarlo.

Los días fueron pasando ocupados con los trabajos y la rutina diaria, las conversaciones ente nosotros se limitaban a las necesidades de cada jornada.

De pronto comenzó a viajar con frecuencia y la distancia cada vez más alargada, sin apenas palabras de cariño y la escasez de caricias, la intimidad se estaba yendo por la ventana.

Un domingo me fui hasta el rastro por ver si hallaba un escritorio similar,

aunque no fuera de tan preciada madera por lo menos que tuviera estilo.

Di vueltas y más vueltas, no dejé comercio ni puesto sin revisar, estaba claro que ninguno estaba a la altura de mis expectativas. Una vez hallado era muy difícil que se me fuera de la cabeza.

Su mezcla fascinante de ébano y palo santo, los herrajes en bronce trabajados con una delicadeza inusitada, una fuerza incontrolable me empujaba hacia él.

Mi despacho lo pedía a gritos  constantemente, necesitaba quitar la mesa donde inicié mis trabajos de estudiante.

Ahora deseaba rodearme de cosas que transmitieran un encanto especial, pocas, pero que al mirarlas fuera capaz de sentir emociones diferentes. En mi caminar y al doblar cualquier esquina la vida me regalaría alguna bella sorpresa.

Mi vida tal como la vivía hasta ese momento se estaba desvaneciendo, y a no mucho tardar debía tomar decisiones complicadas si quería ser dueña de cada instante, sin críticas destructivas que me hundieran en un pozo sin fondo.

Sin decírselo a Rodrigo me acerqué al centro, con el firme propósito de comprar el escritorio. Al salir del metro de Sol, el corazón se me aceleraba a cada paso. Por fin iba a ser mío.

Miré el escaparate y allí estaba él, respiré profundamente y me adentré en sus dominios.

Me asombró su bajo precio y pregunté a que se debía su asequible costo.

El hombre dijo que solo era un intermediario entre el dueño y el posible comprador, solo buscaba  una persona que lo apreciara y conservara, el dinero era un factor secundario.

Mi curiosidad me hizo preguntar si algún motivo extraño se ocultaba tras sus cajones, respondió que lo desconocía.

Hicimos la transacción y en dos días ocuparía el centro de mi despacho.

Ya en Sol y antes de coger el metro subí a la primera planta de la Mallorquina desde sus amplios ventanales se domina el centro de Madrid, sus mesas de mármol y forja, con facilidad te transporta a la ciudad de antaño, el olor de su horno se percibe a varios metros de distancia lo que invita a los viandantes a  disfrutar de  una suculenta merienda.

Al llegar a casa Rodrigo me esperaba sentado en el sofá, con gesto adusto me invitó a que le acompañara, me senté a su lado como quién espera una regañina por haberse portado mal.

Me miró, tragó saliva y soltó como una bomba: quiero el divorcio y por cierto el escritorio que tanto te gustó es mío. Así que volveré a la tienda y lo recogeré.

—Un poco tarde, el escritorio es de otra persona, esta tarde pasé por allí y ya no estaba. Sobre el divorcio cuando quieras pero los gastos corren de tu cuenta.

—De acuerdo los pago yo y ¿No tienes curiosidad del porqué?

 

—No, el motivo me da igual, solo quiero que no haya una guerra entre nosotros a la hora del reparto.—

—No por mi parte no, siempre que sea justo. Esta noche me iré a un hotel.

Al salir me dió un beso en la mejilla, y le despedí con un lacónico hasta luego.

No podía conciliar el sueño, daba vueltas y más vueltas unas veces pensando en el divorcio y qué le motivó a tomar esa decisión y otras en mi ansiado escritorio.

Así ví amanecer y opté por levantarme temprano, después de un ducha y un apetitoso desayuno me encerré en el despacho.

Puse  todo en el suelo para hacer una limpieza a fondo. Libros, plumas, bolígrafos que aún conservaba en sus estuches. Algún pequeño objeto que él solía regalarme sin venir a cuento y que tanto me agradaba.

Ahora todo adquiría otro significado, había que despojarse de recuerdos vanos para crear sitio a los venideros. Y los objetos aunque sea por un leve instante, cada vez que los miramos nos recuerdan a la persona que nos lo entregó.

Sonó el timbre de la puerta y acelerada como una colegiala corrí a abrir la puerta.

¡Ya estaba aquí! Mi  ansiado escritorio había llegado.

Me apresuré a colocar los lápices, rotuladores y los bolígrafos de colores en los cajoncitos superiores, y en las diminutas estanterías los pequeños objetos que se libraron del ataque de limpieza.

Continúe con el resto de papeles, archivos personales y un par de borradores de novelas inacabadas.

Por último puse el portátil en el centro, junto con el ratón y el cable-cargador. Me senté en el butacón, recostada lo acaricié para empaparme de sus emociones incrustadas.

Al recolocar los cables empujé la tablita que dividía los cajoncitos, cuál  fue mi sorpresa, cuando cedió mostrando su secreto.

Mis ávidos ojos escudriñaron el oscuro agujero y descubrí un cartón que al sacarlo reveló una ajada fotografía, la miré detenidamente y cuanto más la miraba más me asombraba, una pareja de jóvenes con ropajes de otro tiempo y el gran parecido del hombre con su ex.

Las intrigas y los misterios me encandilaban. La hora de investigar había comenzado. Eufórica dije en voz alta:  ahora sí tengo un buen argumento para mi próxima novela. 

 
©  Todos los derechos reservados.

 

lunes, 8 de octubre de 2018

MINERVA Y JAVIER

Llegó tan cansada del viaje a Londres que entró en la habitación dejó la maleta la puerta abierta de par en par, se quitó los altísimos tacones  y se tumbó en la cama.

Con los párpados pesados  contempló la estancia, respiró profundamente a la vez que sintió una gran sensación de alivio.

Otra vez había disfrutado del congreso en buena compañía fueron días tan especiales que al recordarlos la sonrisa afloraba a su boca.

La monotonía familiar la sumía en el más profundo tedio, la rivalidad con su marido hacía que los dos compitieran en sus respectivas carreras.

Las discusiones cada vez eran más frecuentes unas veces por los niños y otras por un motivo insignificante, la incomprensión, la falta de comunicación les distanciaba.

Cada uno por su lado fueron buscando alternativas que les hiciera soportable las pocas horas que compartían.

Minerva optó por acudir a todos los congresos y conferencias para ascender en el trabajo y él se centró más si cabe en el trabajo, en la música que tanto le gustara de adolescente y en la clase de una vez por semana le abstraía de su monotonía.

La lectura la limitaba al mundo profesional y todas las novedades que le aportaran información para sus conferencias.

Su economía adquiría una progresión elevada al mismo tiempo que aumentaban los caprichos.

Cambio de casa, de coches, ropa cuánto más cara mejor y las vacaciones de verano a lugares lejanos y exclusivos. La cuestión era presumir, destacar ante sus conocidos su alto nivel de vida.

Sin embargo la satisfacción material dejaba un hondo vacío afectivo, sus miradas perdieron el brillo de antaño.

Ella se negaba aceptarlo y en uno de los viajes encontró a la persona que le llevó a experimentar cosas nuevas devolviéndole la sonrisa y un brillo especial a sus ojos.

Sin embargo Javier inmerso en la rutina no percibió los cambios de Minerva, durante muchos meses continuó con su doble vida.

Era su aniversario y para celebrarlo se fueron de viaje a la ciudad donde todo comenzó. El champán, las flores, la música, los intercambios de regalos, la lencería sensual y los nuevos juguetes crearon un mundo de sensaciones donde el placer era el rey.

Sonó insistentemente el móvil de Minerva con la excitación del momento lo quiso apagar y equivocándose de tecla lo descolgó y al otro lado Javier descubrió el motivo del cese de sus discusiones.

A su regreso más eufórica que de costumbre le dio un beso sin para de hablar hasta que Javier en tono quedo le espetó— quiero el divorcio—

Con gesto adusto le contestó— entonces lo sabes—

    ¿Como te has enterado?—

    No importa, dime cuánto tiempo lleváis—

    Un año—

Poco a poco se fueron enzarzando en una fortísima bronca que asustó a los niños. Después cogió su ropa y se fue a la habitación de invitados.

A la mañana siguiente buscó un despacho de abogados matrimonialista e inició los trámites.

Minerva se refugió en su amante en cuanto le propuso formalizar su relación, y no halló la respuesta que esperaba.

Una vez divorciados buscó un apartamento y continuó volcado en su trabajo, pasando con los niños el tiempo estipulado.

Pronto comenzaron las presiones familiares por ambos lados. “Vuelve a casa por los niños” “mira que la economía se resiente y podíais vivir mejor” “perteneces a un estatus social que te ha costado alcanzar” “sois el cotilleo de todos” etc. Etc.

Como les daba resultado manipularon al niño mayor por el que él sentía auténtica devoción. A fuerza de insistir al verano siguiente consiguieron que regresara.

Habitaciones separadas, sin discusiones, vacaciones juntos a todo lujo y jugar a la apariencia de la reconciliación.

Dejando pasar el tiempo, ver crecer a los hijos y pagando un precio emocional tan alto que cuando los niños sean jóvenes, se vayan del nido ¿qué habrá sido de sus vidas?..

¿Entonces serán capaces de ejecutar su divorcio crecer o seguirán con los convencionalismos sociales? ¿Podrá más la fuerza de la costumbre, que sentir la libertad para evolucionar?

Ellos y el tiempo lo dirán…

 
 ©  Todos los derechos reservados.


 

domingo, 7 de octubre de 2018

CITA


El principal valor del dinero radica en el hecho de que uno vive en un mundo en el que está sobreestimado.» Henry Louis Mencken (1880-1956) Periodista y escritor estadounidense

 

ARBOLEDA


viernes, 5 de octubre de 2018

LUNA DE PRIMAVERA

Sonó el despertador como cada mañana y Guzmán se apresuró a apagarlo para que su mujer no se despertase. Se levantaba a las cinco, salía a correr por el parque hasta llegar al lago, allí descansaba unos minutos mirando ensimismado el agua, luego daba una vuelta a su alrededor emprendiendo el regreso a casa.

Así todos los días desde el regreso de las vacaciones. Sentía la necesidad de hacerlo para sentirse bien durante la jornada.

Sin embargo a medida que fueron pasando las semanas el lago se adueñaba de sus sentidos, se estaba convirtiendo en una atracción cada vez más enfermiza.

Se despertaba con la imagen de una joven de pelo largo, de color castaño y ondulado cubriéndole la  espalda, con los pies jugando en el agua. Y emergiendo del lago unos peldaños de escalera.

Así un día y otro, y otro, mientras Guzmán seguía con su rutina matutina con la esperanza de hallar a la misteriosa mujer de sus sueños.

A medida que avanzaba el invierno su inconsciente le revelaba constantemente la imagen intrigante de la dama, siempre de espalda hasta que una madrugada se despertó empapado en sudor. ¡La había visto! De perfil, pero la había visto.

Se vistió y corrió como nunca hacia el lago, al llegar se desplomó sobre la fría hierba. Nadie lo esperaba, todo fue una jugarreta de su mente.

Guzmán siguió corriendo  y cada mañana se tumbaba a la orilla del lago a esperar sin saber el qué. El agua le hablaba, sin embargo él no entendía su lenguaje.

Los sueños que durante un tiempo desaparecieron, volvieron de manera extraña.

La mujer se había recogido el pelo y aparecía de frente sentada tomando un té, en una barca adornada con una calavera. Un escalofrío recorrió su cuerpo.

Por primera vez sintió miedo de sí mismo, no sabía cómo interpretarlo, un mar de dudas se adueñó de su mente.

La primavera se aproximaba, los días comenzaban a ser más largos y templados. Guzmán navegaba entre sus sueños a medida que éstos variaban, últimamente la veía emerger en el centro del lago con el pelo al viento, le miraba de frente con una calavera en su mano izquierda y una pluma de ave en la derecha.

Mientras la luna se difuminaba entre las nubes, era empujada a dormir por los rayos tenues del sol.

Estaba agotado de tanta ensoñación, se mostraba irritable y alterado, su carácter cambiaba a cada instante y la convivencia en casa se hacía insoportable.

Al llegar la noche temía la hora de acostarse, pero no sabía que ésta vez sería la última de sus pesadillas, cómo el las llamaba.

Dormía placidamente cuando de nuevo la dama se le apareció a la orilla del lago entre flores recostada en una gran concha desnuda y tocando una flauta de la cual salía una dulce melodía.

Relajado, con una sonrisa en los labios posó sus ojos incrédulos por las curvas sinuosas de la mujer que le invitaba hacer el amor. De pronto se fijó en el rostro y reconoció con asombro que era el cuerpo que durante años le acompañaba.

Se despertó y comenzó a besarla, sus manos recorrían su piel tantas veces acariciada y que hasta ahora se había vuelto una extraña.

Hicieron el amor durante horas con la intensidad de antaño. Lo que andaba buscando lo había tenido siempre a su lado.

Durmieron muchas horas y cuando ella le acarició para despertarlo solo notó el frío de su piel.

 

 ©  Todos los derechos reservados.

 

sábado, 29 de septiembre de 2018

CABALLO DE HIERRO

He salido de la librería envuelto en un papel poco atrayente, he comenzado mi viaje con olor a tinta de imprenta, un perfume que a los lectores suele hipnotizar.

Desde éstas tierras soleadas, con un mar casi todo el tiempo en calma, llena de jardines con palmeras y flores de toda la gama cromática que uno pueda imaginar, salgo dispuesto a recorrer un largo y fructífero viaje.

Colocado en un lugar accesible y cómodo, veo subir a la gente más variopinta. Toman asiento y vigilan sus bártulos, dicen que hay que tener cuidado pues hay manos que se deslizan sigilosas y se apropian de lo ajeno.

El movimiento y su sonido machacón va relajando a los viajeros, y yo me distraigo viendo la luz  intensa reflejada en el cielo, como juega entre las nubes y les da tonalidades nunca antes apreciadas por mí.

Su reflejo en el agua marina pasa del azul fuerte al verde o al acerado, cuando el firmamento queda cubierto de negro algodón. En el horizonte se mezclan el celeste y el marino, solo interrumpido por cargueros o las barcas de los pescadores, a horas tempranas y de veleros que de lejos parecen blancas palomas que vuelan a ras del mar.

De pronto el paisaje cambia veo los montículos arbóreos y los castillos de la época medieval, fortalezas inexpugnables ante las invasiones violentas por el territorio.

Paseos llenos de plantas tropicales a cual más llamativa e intenso color, me imagino su perfume. Campos de frutos traídos de lejanas tierras que ésta la han hecho suya. Y de nuevo el mar rompiendo sus olas en la pálida arena, mordiendo sus granos para saciar el hambre.

Unas manos me arrebatan de mi lugar confortable, siento su calor en cada una de mis hojas, sus dedos tiemblan mientras lee mis versos, noto su emoción y de repente una lágrima me humedece, siento su melancolía y no, no me equivocaba, su alma deja traslucir un intenso sentimiento de saudade.

Los poemas describen otros horizontes más bruscos, de mar arrebatadora de vida, temporales que azotan acantilados e inundan pueblos, trabajo durísimo de pescadores y mariscadoras.

La lluvia cae suave acariciando los cuerpos como disculpándose por el  mar, montes verdes regados por  ríos de aguas frescas y límpidas.

Piedras con arte y devoción mundial, caminos diferentes que convergen en Santiago.

Religión y magia a partes iguales, o quizá no, quizá la magia ancestral de los celtas en los castros, fuera una mezcla de costumbres de habitantes anteriores.

Poetas en varias lenguas, humildes y de alta alcurnia todos ellos en común ensalzan un sentimiento de añoranza por la tierra, la música y el mar.

De nuevo mis páginas se cierran y me dejan en mi lugar de confort, los viajeros descienden, y el silencio se adueña del vagón.

Mañana al emprender un nuevo viaje quizás otras manos y otros ojos se emocionen al leer mis versos. Después no oleré a tinta pero sí a papel ajado desgastado por el tiempo, por las manos y alguna lágrima furtiva de un alma emocionada. Eso busco, eso deseo, ese es mi premio.

 

 ©  Todos los derechos reservados.

 

 

 

CITA


El egoísmo habla todos los idiomas e interpreta todos los papeles, incluso los del altruismo.

» François de la Rochefoucauld  (1613-1680) Escritor francés

 

MONET


jueves, 27 de septiembre de 2018

LOS JARDINES DE MONET

Le encantaba la pintura y en Etnacil su pequeña ciudad de provincias los museos eran abundantes pero no con la importancia para hacer grandes exposiciones. Pero un año  el de Arqueología  consiguió el premio europeo al mejor de todo el continente.

    Una de las veces que se acercó a Madrid para visitar el Museo del Prado coincidió con una exposición especial sobre la obra de Monet. Ella que  se quedaba absorta ante cualquier cuadro de los impresionistas...., pero desde que vio las maravillas de los jardines de Claude Monet aquel día en el Museo supo que cambiaría  parte de sus estudios para encauzar la que sería su profesión definitiva.

    Estudiaba Bellas Artes para restaurar las grandes obras de la pintura y así penetrar en la mente de los autores, adentrarse en las circunstancias de sus vidas. Pero al volver a la universidad se interesó por el diseño de los jardines. Estudiaba sin cesar, el día no tenía suficientes horas para ella. Ahora su vida giraba entre la universidad y su habitación, con la cabeza siempre dentro de los libros y del portátil.

    Se rodeó de láminas de las obras del pintor, no quedaba un hueco de la pared que no cubriera. Tanto se entusiasmó con él que investigó hasta el detalle más insignificante de su biografía.

    Llegó el verano y su partida a París era inminente. Con poco equipaje y con muchos sueños en la cabeza comenzaba una experiencia que no sabía a donde le conduciría. La aventura en la que se embarcaba era excitante, durante el vuelo cerraba los ojos imaginándose paseando por el barrio bohemio de los pintores (Montmartre) y  las zonas aledañas ¿quien sujeta  una fantasía tan desbordante como la suya? Solo la realidad podría bajarla de la nube de ensoñación en que se hallaba.

    Por fin pisaba las calles que en otro tiempo lo hicieron aquellos pintores que se atrevieron a romper con  los cánones establecidos e ignorar los consejos de los marchantes. Esa rebeldía sentía que le subía por sus pies y se adueñaba de todo el cuerpo.

    Estaba entre los pintores aficionados y otros que dominaban el arte con un embrujo especial, al contemplarlos sintió hacerse pequeñita casi invisible sin embargo buscó un lugar que le permitiera esbozar un retazo del lugar.

   Extendió su silla de tijera, abrió el bloc de dibujo y con un carboncillo en la mano deslizándolo a toda velocidad  apenas si parpadeaba ante tanta excitación.

    Cuando una voz le preguntó: ¿a quién dibujas?  A lo que ella respondió –a la mujer que tengo delante –

   —No veo a nadie solo están los edificios— Priscila levantó la mirada y comprobó que efectivamente el muchacho tenía razón, entonces... ¿a quién había dibujado ella? Juraría que estaba delante con ropas de época.

    Le mostró el retrato a Michael y ambos reconocieron el gran parecido con un cuadro de Monet se miraron desconcertados negando con la cabeza, “no puede ser… pero se parece tanto a Camille” murmuraron entre dientes.

     Recogieron sus útiles pensativos y se fueron a comer a la taberna que conservaba algún cuadro del pintor.

     Apoyando los bártulos junto a la ventana al tiempo que se sentaban en los taburetes de madera oscura, el camarero se aproximó con la carta. No pudiendo reprimir su curiosidad Priscila sacó su bloc que puso sobre la mesa al verlo el hombre le comentó— ¿Ha visto a la señora mientras dibujaba?—

    —Si— contestó ella. Entonces comenzó a contarle que efectivamente era Camille la primera esposa del pintor que solía aparecerse a las jóvenes aficionadas entusiasmadas por las obras de Monet. Dicen que sus celos les provocan visiones hasta el punto de volver loca alguna de ellas. Así que señorita le recomendaría la vuelta a su país antes de que sea tarde.

   Incrédula ante todas las leyendas de fantasmas o cosas por el estilo Priscila sonrió con benevolencia al camarero mientras devoraba su bistec con patatas fritas.

    Se despidió de su nuevo amigo hasta la mañana siguiente y entre risas decía” no pintaré a Camille”.

    Pasaron varios días y Michael preguntaba por ella a todos los que les vieron aquella mañana en la taberna, pero nadie le dio una respuesta. Inquieto marchó a la comisaría más cercana a denunciar su desaparición.

    A las pocas horas le dijeron que a su amiga la hallaron en circunstancias poco agradables, hablando incoherencias y desnutrida.

     Fue al hospital y según se acercaba a la habitación  escuchaba una voz que decía: ¡Oscar-Claud!...  ¡Claud!... ¡Claud!..

 

 ©  Todos los derechos reservados.