La
luna llena ilumina el frondoso parque, las estrellas con su resplandor dibujan
cual lápices mágicos sombras de árboles, de bancos vacíos y columpios quedos.
Las
farolas se incorporan al espectáculo como pequeños faros que alumbran a las
mariposas en sus gráciles vuelos.
Miro
al horizonte con la vista fija perdida en busca de no sé muy bien qué.
Contemplo sin cesar las estrellas por si de casualidad una se desprendiese y
cayese en mis manos.
Quizás
pase una fugazmente y me conceda algún deseo, de esos que íntimamente no me
atrevo a confesar.
Siempre
tuve la sensación que al mirarlas me
transportaban a mundos lejanos y placenteros. El sentimiento de calma llena mi
alma y el espíritu se regocija, la mente divaga creando viajes a mundos
desconocidos.
Una
música suave adormece mis sentidos mientras la brisa acaricia suavemente mi
piel como un amante solícito.
La
ensoñación se apodera de mí voy entornando mis ojos lentamente. Sigo apoyada en la
ventana cuando de repente doy un respingo sobresaltada al ver una sombra de un
hombre en un banco cercano.
Me
digo: No puede ser, es imposible. Estoy soñando me he debido quedar traspuesta.
Una
carcajada histérica sale de mi garganta, mientras mi mente trata de ordenar las
ideas y obviar pensamientos dolorosos.
Después
de unos momentos respiro profundamente vuelvo a mirar hacia el banco y la
sombra había desaparecido.
En
voz alta digo: Menos mal que ha sido una jugarreta mental. ¡Que susto!
Creo
ver fantasmas en la tenue luz de la madrugada. Si al menos pudiera escogerlo…
Echo
otro vistazo en derredor para cerciorarme. Elevo la mirada de nuevo a las
estrellas y les comento “Sigo a la espera que algún día se cumpla”.

© Todos los derechos reservados.
Precioso relato Toñi. Mantener la ilusión y la esperanza de que un día una estrella fugaz nos traiga el mayor de nuestros deseos. Besos y abrazos.
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